26 abril 2010

Dr. Darío Guitart Manday: Como si fuera hoy mismo.

Hace ahora diez años dejó de existir Darío Guitart Manday, un biólogo cuya visión y amor por el mar legó a los cubanos un patrimonio científico al alcance no sólo de los especialistas, sino de todos, gracias a la labor divulgativa que realizó con absoluta devoción, desde las mismas páginas de esta revista y en libros que hoy día son atesorados por los aficionados a los asuntos del mar.

Puede que su interés por las aguas viniera de sus padres, nacido el uno en Cárdenas, la madre de Manzanillo, afamadas ciudades costeras. Durante algunas vacaciones escolares permanecía semanas en la casa de los tíos, en la bahía de Santiago de Cuba. Con su primo Renato Guitart Rosell, luego uno de los asaltantes caídos en el cuartel Moncada, criado en Renté para aliviar el asma de su infancia, y amante de la navegación a vela, entró en contacto íntimo con las primeras nociones del oleaje, las mareas, los peces y los restantes organismos que animan ese mundo.

A Darío, nacido en La Habana el 7 de febrero de 1923 y criado en el barrio inmediato a la colina universitaria, tardaría en vérsele la afición por el mar en sus años juveniles. Sus aptitudes para la práctica del fútbol americano serán lo más significativo de su etapa de estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, donde obtiene el título de bachiller en Ciencias y Letras en 1942. En el curso de 1940-1941juega como regular en el campeonato de fútbol americano con el equipo del Instituto de La Habana, después de dos años como suplente. Al final de esa temporada se incorpora al equipo de la Universidad de La Habana y permanece en él hasta 1946.

Contrae matrimonio el 20 de diciembre de 1945 con María Luisa Pérez-Puelles, madre de sus cuatro hijos, en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. En la misma boda uno de sus hermanos le entrega el nombramiento como empleado docente del Instituto de Segunda Enseñanza de Marianao, donde impartió clases de biología y ciencias naturales. Las mismas materias las enseña poco tiempo más tarde en la Havana Military Academy, donde ejercía además como entrenador del equipo de futbol americano.

Tres empleos al unísono va a llevar el joven Guitart y sin dejarlos alcanza finalmente, en 1951, a obtener el título de doctor en Ciencias Naturales, con la defensa exitosa de la tesis “Estudio de las gorgonáceas de las costas de Cuba”. Aún graduado, su dedicación laboral no sólo va a persistir, sino que hallará nuevas formas de manifestarse; en sólo un lustro desde la terminación de los estudios universitarios verán la luz dos libros, Introducción a la Biología Experimental (1953) y Mineralogía Elemental (1956), en colaboración con sus colegas José Alfredo Suárez Caabro y Pedro Pablo Duarte Bello, compañeros suyos en los planteles donde impartía clases.

Ciencia en tiempos de revolución

Era Darío Guitart todavía un joven profesor cuando, entrevistado por una revista estudiantil, declaró a sus alumnos que había pasado las vacaciones dedicado a la fotografía submarina, preparándose para “investigaciones futuras”. En 1959, pocas semanas después del triunfo de la revolución, el ministerio de Obras Públicas le encarga de los estudios y dirección de los trabajos que conllevaba la construcción del primer acuario cubano.

Todo quiso estudiarlo para el nuevo empeño: el efecto del cautiverio sobre los peces y el funcionamiento de las bombas que hacían circular el agua en las peceras; la alimentación, la forma de evitar enfermedades a los organismos vivos expuestos, los mejores materiales para los conductos hidráulicos, la fuente de iluminación apropiada... Mientras aprendía, viajó a acuarios norteamericanos y de Bermudas para ganar experiencia. Sus familiares recuerdan que el sueño podía ser interrumpido en la madrugada: ¡Se detuvieron las bombas!

La dinámica de aquellos años lo halla siempre a la altura de los retos. El 28 de enero 1965 inauguran en Playa Viriato, una caleta al oeste de la ciudad, el Instituto de Oceanología, en cuya formación Darío había estado trabajando desde el año anterior. La institución es una de las primeras que integran la naciente Academia de Ciencias de Cuba.

Entre 1966 y 1968, sin abandonar su puesto al frente del instituto, debe asumir la dirección de la escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de La Habana. Respetables investigadores y académicos son hoy algunos de sus alumnos, quienes recuerdan la originalidad del método de formación de futuros especialistas en biología marina que aplicaba Guitart, quien acogía a los seleccionados en el Instituto de Oceanología y les encargaba tareas que entonces les parecían difíciles, y luego agradecieron por las capacidades que adquirían.

Entretanto, seguía él mismo siendo un estudiante; en el año de 1967 fue el primer cubano en obtener el grado de Candidato a Doctor en Ciencias Biológicas en la antigua URSS, con una tesis sobre los tiburones de las aguas cubanas, tema que divulga en una guía de 61 páginas publicada al año siguiente. Está el científico alcanzando la cúspide de su madurez científica en estos años.

Durante un período de su vida en que desempeña determinados cargos institucionales es que a Guitart Manday se le otorga la responsabilidad de representar a Cuba en numerosos eventos internacionales, pero de él emana siempre el compromiso, la consagración que no requiere acicates. En 1961 se halla al frente de la delegación cubana a la primera reunión de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental, y asimismo en el encuentro inicial del Grupo Internacional de Coordinación de las Investigaciones Cooperativas en el Mar Caribe y Regiones Adyacente (CICAR), en 1968, ambas convocadas por la UNESCO.

En el segundo de los eventos mencionados, efectuado en Curazao, se le honra eligiéndole como chairman (presidente) de la sección de Biología Marina. Antes, en 1966, asistió como delegado cubano al Segundo Congreso Oceanográfico Internacional en Moscú y también allí fue objeto del mismo trato deferente, desempeñándose al frente de la Sub-sección de Ictiofauna Marina.

Todavía después de concluir en 1970 sus funciones como director del Instituto de Oceanología al Dr. Guitar se le encomendaba la representación cubana cuando había que debatir los temas de la oceanología o la biología marina en particular. En 1973 la Academia de Ciencias de la URSS le invita a participar en el XIV crucero del buque de investigaciones Académico Kurchatov al Mar Caribe y Golfo de México; un cuarto de siglo más tarde, en 1998, participa e el Crucero exploratorio Bojeo a Cuba, realizado conjuntamente por personal de los Estados Unidos y Cuba, a bordo del buque Oregon II de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) en calidad de especialista.

El tanquero griego Princess Ann Marie encalla en la costa de Guanahacabibes y derrama 6 000 toneladas de crudo de sus tanques en la madrugada del 28 de enero de 1980. La prensa publica fotos de langostas muertas, embebidas en petróleo. Guitart es uno de los expertos consultados para dar fundamento a la reclamación por daños al ecosistema y a la economía nacional a la entidad armadora del buque. Ese mismo año se le encarga tareas de dirección en las obras del acuario de Bahía de Naranjo y permanece un tiempo en ese territorio, como delegado de la Academia de Ciencias en las provincias de Holguín y Las Tunas.

Con Mar y Pesca.
“Son pocos los cubanos que no han visto nunca el mar o los que, al verlo por primera vez, no se han sentido de inmediato cautivados e interesados por el despliegue de su belleza, pero menor aun es la información que ha estado a su alcance para poder comprenderlo, con excepción del loable esfuerzo realizado durante años por la revista Mar y Pesca”. Conmueve el respeto y el afecto por la “Revista del hombre de mar” que manifiestan estas palabras, tomadas de la introducción a uno de sus libros.

En la efervescencia personal del año 1968, inmerso en la dirección del Instituto de Oceanología, representando a Cuba en importantes cónclaves científicos, todavía sin terminar su período al frente de la Escuela de Biología, halla tiempo para redactar las fichas de la sección “Peces cubanos”. La tarea parece sencilla para un investigador de su calibre: apenas un par de párrafos, con los principales caracteres, para cada especie. Cuando se examina en conjunto la larga serie que llega hasta 1976, se halla en ella la raíz de su Sinopsis de los peces marinos de Cuba, publicado en cuatro tomos por la Academia de Ciencias de Cuba entre 1974 y 1978. El tema de los peces, ahora con ilustraciones a color, vuelve a la revista desde octubre de 1988 hasta agosto de 1990.

En 1977, apenas aplazadas cuatro meses sus colaboraciones, comienzan a aparecer en Mar y Pesca los artículos de la sección “Semblanza del Océano”. Una vez más puede constarse el valor de una publicación como ésta para confrontar con el público, como polígono de ensayos para nuevas ideas, la obra que luego ha de quedar plasmada en su definitiva forma, madura ya, en el libro. Hasta 1979 aparece la serie en las páginas de la revista. En 1980 el libro del mismo título está ya listo, pero lo publican sólo en 1986.

Aparte de las dos series comentadas, existe dos grupos de artículos, el primero de los cuales que corresponde básicamente a los años ’70, cuyo estilo de redacción se acerca a veces bastante al periodismo y se relacionan en general con los temas que ocupan en el momento su labor científica, en tanto ya en los años de la última década del siglo XX sus contribuciones son más diversas y el gusto por el trabajo de escribir, origen de su rica relación con la revista, está en vías de decantarse en literatura, de lo cual es ejemplo el cuento “Del Inmerso mar. De pesca”, publicado en 1997.

En 1996, el Dr. Guitart nos concedió una larga entrevista. Mar y Pesca había retornado de un involuntario receso y queríamos, sus colaboradores, él mismo incluido, alentar la publicación querida. Era un año intenso, durante el cual entró en funciones el Decreto Ley 164, Reglamento de Pesca, con cambios nunca imaginados en los enfoques normativos. En la conversación con el respetado científico tratamos sobre el deporte de la pesca, tema que nos atrevimos a plantearle al leer el artículo “Análisis de las pesquerías deportivas de agujas (Pisces; géneros Istiophorus, Tetrapturus, Makaira) en la región noroccidental de Cuba”, que Guitart Manday había publicado tres lustros antes con la coautoría de la Dra. Mar Juárez y del Dr. José Fernández Milera. Inmersos en los retos de aquellos días, la entrevista quedó sumergida unos años en la inmediatez periodística, en espera -ahora- de que podamos incluirla en un libro en preparación.

Entre tantas obligaciones, casi pasa desapercibido el reconocimiento oficial a su condición de Doctor en Ciencias Biológicas y la categoría de Investigador Titular. Su jubilación en 1990, con 67 años de edad, solo fue el paso a otros compromisos, el más entrañable y urgente de los cuales sería terminar la edición de la monumental Ictiología Cubana del sabio Felipe Poey y Aloy.

El 18 de marzo del 2000, dejó de existir el Dr. Darío José Guitart Manday, un mes antes de que la imprenta concluyera la edición de la obra a la cual había dedicado lo mejor de su vida. Uno de sus colegas le describe como el último enciclopedista cubano. Tenía Guitart el saber abierto de los hombres de nuestro siglo XIX, que en el diseño de la nación proyectaron un fuerte intelecto. Pero fue más que un hombre del siglo XX: combinó con su cultura científica todas las disciplinas requeridas para alcanzar la integralidad que requerían los estudios oceanográficos en un país necesitado de los recursos de mares. Y todo lo hizo del modo sereno, cordial y honesto en que se le recuerda y se le honra.
Top Fishing      Websites at TopFishingSites.Com