26 enero 2012

Apelación pública al Ministro del Turismo de la República de Cuba
Sr. Ministro:
Soy un ciudadano cubano que escribe a sus expensas libros que tratan acerca de temas del país. No temas grandiosos, sino de cosas sencillas, como la biografía de un cantante autodidacto de las lomas de Pinar del Río, o de la historia de la afición a la pesca de la gente de este archipiélago donde uno nació y vive.
Que recuerde, no es pretensión de escritor lo que nos llevó a querer documentar la larga historia del torneo de pesca de agujas que lleva el nombre del novelista Ernest Hemingway, evento fundado en 1950, retomado como certamen nacional por el INDER y la CTC en 1963, y aprovechado como opción líder del Turismo cubano a partir de 1978. No pretensión de escritor, insisto, sino necesidad de periodista de hallar fundamento y antecedentes a sus coberturas de prensa. Si de ahí salió el libro y el oficio propio de escribir, fue porque hubo temas, contenidos y voluntad de escribir. Lo que debió ser el primer y único libro, demoró dos décadas en concluirse, en parte bastante notable por circunstancias de finales del siglo XX cubano que nos involucran a todos y no hace falta en este minuto hurgar en ello.
Una primera versión del libro fue con prisa y expectativas concluida en febrero de 2010, y sendas copias digitales de ella entregadas en plena confianza a la oficina del Club Náutico Internacional Hemingway de Cuba, principal organizador del torneo en los últimos años, para que fuera revisada por el Comodoro José Miguel Díaz Escrich, y la otra entregada a la licenciada Ingrids Rodríguez, en la Dirección de Promoción del Ministerio del Turismo. Con estos trámites, aspiraba a lograr con total eficacia una edición del libro que estuviera lista para su presentación en ocasión del 60 aniversario del Torneo Hemingway. Por parte del Club se hicieron algunas gestiones, por parte del autor se aseguró una editorial y no una, sino dos imprentas, pues una tenía material para imprimir la “tripa” (textos), pero no para las cubiertas, que prometía hacer la otra. Había un diseñador listo para acometer el arte final. No fue posible, porque el financiamiento imprescindible para poner en marcha el proyecto no apareció.
En verdad había que ser ágil para solucionar en tan corto tiempo esa publicación, pero era posible, y hubiera sido un éxito en un momento tan señalado, cuando volvía el torneo a levantar en participantes, después de un período en que las presiones del gobierno norteamericano alejaban de esta aguas a los competidores de esa nación, que desde la fundación de este clásico de pesca, hoy mismo uno de los más antiguos y prestigiosos del mundo en su modalidad, han sido los rivales tradicionales.
Concluida a principios de 2011 la versión definitiva de la obra, fue propuesta en junio a la editorial José Martí, que la tuvo en revisión hasta que en noviembre se recogió el manuscrito, con la opinión verbal de la editora Rosa María Marrero de que estaba “bien escrito”, pero “el tema no tiene posibilidades”. Libros sobre pesca deportiva son publicados cada año en varios países, e informaciones accesibles demuestran que los lectores pagan por ejemplar un precio tal que no deja dudas de que las publicaciones sobre el tema permiten esperar razonables ganancias, de modo que no es un gasto precisamente lo que se haría en imprimir la historia de un torneo en cuya realización pone tanto empeño el país cada año.
Ingresos potenciales aparte, el libro no solo expone el desarrollo de la historia del torneo, sino acerca a lectores y especialistas de hoy los usos técnicos de la pesca de agujas y la evolución de las reglas de competencia, evidenciando a partir de fuentes reconocidas –principalmente artículos de prensa rescatados de una dispersa bibliografía, y el testimonio autorizado de destacados protagonistas, competidores y patrones de embarcaciones, nacionales y asimismo visitantes foráneos- las razones que hacen de este torneo un auténtico acontecimiento internacional. No es preciso cargar tintas haciendo referencia a posibles valores colaterales, por vía de la tradición de la pesca en Cuba y del muy apreciado vínculo de Ernest Hemingway con la Isla, que esto último ya lo hacen reconocidas instituciones.
Sin esperanza editorial, se acudió el 25 de noviembre del 2011 a la Oficina de Atención a la Población del Ministerio del Turismo, donde se explicaron los antecedentes mencionados en párrafos anteriores y en forma verbal y luego por escrito se solicitó al organismo a cargo del cual se convoca en Torneo Internacional de la Pesca de la Aguja Ernest Hemingway, se evaluara el libro. Cumplidos los 60 días de aquel trámite, se acude el 24 de enero de 2012 a la mencionada oficina, donde el autor es atendido por la Sra. Dora Bell y por el jefe de ese departamento, Sr. Benítez. La respuesta, dada por la Dirección de Promoción del Ministerio del Turismo y transmitida por éste, es que el asunto no forma parte “del objeto social” del Ministerio, y que debe el autor acudir a una editorial.
Confunde el propósito -pues se solicitó evaluación, criterio de valor, no que ejercieran una actividad profesional que no les corresponde- y además desestima quien así responde el valor promocional de un libro, algo que sí debería ser reconocible en su perfil.
Es libre cualquiera de decir que esta apelación busca únicamente el beneficio personal de quien ya hizo su trabajo. Una equivocación que no es nueva se repetirá, y habrá quien vea su verdadero trasfondo. El libro, comoquiera, se hará público.
Ismael León Almeida
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