El viernes 4 de marzo de 2011 recibimos de vuelta los paquetes destinados a la fraterna Isla, con la indicación de “Devuelto al remitente”. La historia que cuentan los cuños sobre los sobres es que los libros embalados en dos envoltorios (2+1) no salieron de Cuba. En apariencia fueron abiertos en la Aduana y vueltos a cerrar con cinta de esa entidad. Hay un cuño cuadrado pequeño, cuyo diseño semeja un sello de correos, con la inscripción Aduana 2111 República de Cuba. Los dos “unos” finales se leen poco.
El jueves 17 de marzo pasamos por la oficina de Correos Habana 6, donde fueron impuestos los bultos postales, y la funcionaria que amablemente nos atiende muestra un impreso de la Dirección de Relaciones Públicas de la Empresa Correos de Cuba, en el que se expresa que “Se suspende temporalmente la imposición de envíos hacia EEUU”. El documento tiene manuscrita en el extremo superior derecho la fecha 25 de noviembre de 2010, en la que –según la funcionaria- fue emitida la disposición. La explicación ofrecida es que el servicio postal norteamericano había adoptado medidas de seguridad “hasta el 8 de diciembre” de acuerdo con las cuales no admitirían envíos con un peso superior a los 453 gramos. Ninguno de los dos paquetes alcanza ese peso, pero somos informados de que el servicio postal norteamericano no está recibiendo nada de Cuba. En nuestra presencia se rechazó a un cliente una carta en sobre largo común, destinada a esa nación.
El autor, Ismael León Almeida
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