16 junio 2014


LA PESCA EN BARACOA, CUBA
Si hasta ahora Baracoa fuera para usted una noción de precedencia histórica y el recuerdo siempre fresco de una visita de tránsito hacia el faro de Punta de Maisí, en el extremo más oriental de la Isla de Cuba, es probable que descubra lo poco que sabía de ese increíble lugar. Ciudad Primada, fundada por Diego Velázquez en 1511 y sostenida, durante más de medio milenio ya, en un diálogo vital y fiel con el entorno natural; los más de 1 000 kilómetros que la separan de la capital del país y la particular geografía de su región parecen marcar su condición de mundo aparte. Época hubo en que desde allí era más fácil alcanzar por mar una costa extranjera que alguna ciudad del país propio.
El 17 de enero de 1995 pude ver la ciudad de Baracoa por primera vez desde la ventanilla de un avión Yak 40, a punto de aterrizar en el pequeño aeropuerto local. El centro urbano y la densa vegetación circundante se abarcaron de un codicioso vistazo, la bahía de Baracoa era una concha nítida allá abajo, tan cerca. Llegar al faro de Punta de Maisí, destino de reportero, a lo largo de 59 kilómetros de costa y montaña, sería una de las experiencias ve viaje que merecían la etiqueta de incomparables: La forma en que se ve un país es también un modo de ponérselo dentro.
De la pesca deportiva en aquella singular urbe litoral apenas sabía. Pocos años antes de visitar la ciudad había conocido a un aficionado que aseguró que allí pescan la aguja al curricán usando la técnica tradicional del sedal a mano y sin emplear outriggers en la embarcación. Durante los últimos nueve meses de 1991 él había capturado diez agujas de esa manera a bordo de una lancha de 19 pies nombrada Pequeño Gigante, la mayor de las cuales había pesado 238 libras. Una docena de botes efectuaban allí esta pesca con el mismo método, a distancias de una a cinco millas náuticas de la costa.
El poco saber prosperó a noticia de primera mano cuando comenzaron a llegar al buzón de CUBANOS DE PESCA los mensajes de Oriol Laffita Oliveros, un radioaficionado de aquella ciudad que se ha convertido en un cercano y muy conocedor interlocutor. Decía el 5 de mayo de 2014: “En Baracoa la pesca no es tan abundante como en otras zonas del país cerca de las cayerías y demás; mayormente se aprovechan las corridas, por ejemplo ya se empiezan a capturar algunas cojinúas y todos se preparan para su pesca, algunos como yo con caña y mayormente con señuelos que llamamos pollitos. Después está la pesca en embarcaciones que ya eso es otra cosa, pesca mayor, dorados, agujas, petos, etcétera. Yo práctico la primera, mayormente con caña y la modalidad spinning, aunque de vez en cuando de noche tiro mi nylon a fondo. Vienen muchos extranjeros a Baracoa con varas y demás avíos, algunos ya son casi locales y se pasan mucho tiempo pescando en Baracoa desde la costa y en las playas, cojiendo palometas, jureles, cojinúas, sierras, serruchos, robalos, sábalos.
Aunque decía que no siempre tenía a mano una cámara fotográfica cuando cobraba alguna buena pieza, Oriol recibió bien la sugerencia de documentar sus mejores capturas y nos hace llegar la imagen de una jiguagua de 8,5 libras y un robalo de 14,5 libras, capturados desde el litoral de Baracoa entre el verano y los últimos días del año de 2013. Ah, muy bien, pensó el editor, pero sabía que aquellos dos peces tenían más historia y la pidió. De verdad que el encargo no se hizo esperar demasiado, no como algunos importantes entrevistados de los últimos meses, que se encasillan en su saber y mientras más se les recuerda lo importantes que son sus datos para difundir ciertos conocimientos, menos motivados parecen.
Bueno ―decía el nuevo correo de Oriol―,  sobre las capturas del robalo y la jiguagua, ambos fueron en la playa, desde la orilla, es decir sin embarcación, en la playa más cercana a la ciudad y a mi casa, voy caminando y ya con los avíos listos, que casi siempre es una vara de acción media Shakespeare de 2,13 metros con un carrete grande coreano que no se le ve la marca, solo el modelo SX-5000, línea 14 sin alambrar y mayormente con señuelos del tipo Rapala. Al lugar le dicen Ensenada Miel, Bahía de Miel, Playa de Miel.
El primer pez fue a principios del mes de septiembre. Para los meses de agosto hasta octubre es que se capturan algunos de buen tamaño aquí. Ese día salí con la familia a darnos un baño por la tarde y nos fuimos casi al final de la playa muy cerca de la desembocadura donde está más tranquilo siempre el mar por estar esta parte de la playa protegida de los vientos del este y nordeste por las montañas de Yara. Y por supuesto mi vara también fue con nosotros y usé un rapala de unos 14 cm de color marrón oscuro en el lomo, dorado en los lados y amarillo claro en el vientre y con tres grampines.
Todos fueron al agua apenas llegaron, pero yo me quedé sentado en la arena disfrutando de la brisa y lo bello del lugar, y también dando tiempo de que primero llegara el atardecer y se fueran retirando los bañistas. Más o menos a las 6 de la tarde y algo decidí ir haciendo algo, comencé desde el lugar donde estábamos alejándome hacia la desembocadura, caminé unos 100 metros y cambié de dirección acercándome entonces, apenas llegué al sitio, incluso estando todavía todos en el agua, picó el robalo, casi al lado de mi familia que salió corriendo del agua cuando vieron el aguaje y a mí batallando con el pez, la lucha duró unos 15 minutos entre corridas y bombeo, pero al fin pude sacarlo a la orilla, este pesó 14,5 libras. Al regreso todavía quedaban personas bañándose que se quedaban boquiabiertos diciendo “¿Y eso tú lo cogiste aquí?”.
La jiguagua fue un regalo para finales de diciembre. Utilicé otro rapala, uno tipo X-Rap de 12 cm y color gris con pintas negras. Este fue alrededor de la 1 de la tarde, más o menos una hora antes de la pleamar y en la misma playa pero más o menos a mitad de esta frente al tibaracón [Imagínese una barra de grava muy densa que cierra por completo la boca de algunos ríos de esa región, hasta que vienen las lluvias y los arrastran cada año]. El mar estaba verde y medio picadito por lo que las recogidas las hice más bien lentas, pero no tuve que hacer muchas, y casi en la misma orilla me paralizaron la recogida en un ataque bien violento y enseguida comenzó la primera corrida haciendo salir música al freno de mi viejito coreano (el carrete). Al principio no sabía que era porque alaba con mucha fuerza, sólo pedía a Dios que no se soltara ese pez, hasta que pasó frente a mi en una de sus corridas de lado y pude identificarla. Me hizo un morado en el muslo donde apoyé la vara mientras la aguantaba en sus corridas. Estaba solo y así después de media hora logré sacarla. Pesó 8 libras y media.
En la conversación que a estas alturas ya tenemos con Oriol llega un comentario muy curioso: dice el amigo baracoense que “de la pesca fluvial no se habla en Baracoa porque nadie la practica”. El aficionado del alejado extremo oriental cubano ha dicho que carece de experiencia en la pesca en agua dulce, lo cual es comprensible, si tienen a la puerta de casa un mar con lo que describe. Sin embargo, la fascinación del agua salada no le impide la apreciación: “Aquí hay muchos y buenos ríos.” Habrá tema para ello en el futuro, no hay que dudarlo. De momento le pedimos  que trate de hacer un trabajo sistemático sobre la pesca en los ríos. Es recomendable, decíamos, recoger información con la gente que anda en los cauces, a ver qué pescan y con qué cogen peces. Los avíos en general son muy simples: vara criolla, cordel a mano, sin despreciar el spinning, unas veces con un plomito no muy pesado para pescar a fondo o al vuelo, o con una boya. Vale la sugerencia para cualquiera en el país, en verdad; que tomen fotos si pueden, destacando los peces y el paisaje, que debe ser bello en la espesura vegetal.

Las corridas
Curioso como cualquiera de nosotros, que no dejamos detalle por averiguar si tiene que ver con esta afición, dice luego Oriol Laffita hace tiempo estaba buscando “la fecha o época de los peces de arribazón en Cuba para saber más o menos cuando estar preparado para buscar ‘equis’ especie”. Este fue el mensaje de respuesta que le enviamos:
He buscado algunos datos sobre corridas de peces, para enviarle los de las especies que más comúnmente pescamos. De todas formas, es bueno que esté al tanto y pregunte a los más experimentados, porque a veces, incluso de un año a otro, ocurren cambios que pueden ser debidos a la región diferente en que nos encontramos, o a variaciones por problemas estacionales, o debido a la presión de pesca en las épocas de desove. Aunque usted no pesca en embarcación, no dudo de que le interese que el castero, un pez de pico que pasa de las 300 libras, hace su corrida por el norte y el sur del extremo oriental cubano a finales del verano, mientras la aguja prieta o voladora lo hace por el norte un poco más tarde, en octubre y noviembre. El pargo criollo, que es una especie que buscamos todos, mar afuera o en la costa, a vara o a cordel, tiene su corrida en mayo, junio y julio, por luna llena, y está por la zona de Baracoa uno de sus recaladeros tradicionales; este pescado arriba también cuando soplan los nortes invernales. Otros pargos corren cerca de esos meses, unos adelantándose un poco, como la biajaiba y la rabirrubia, que comienzan desde marzo, para terminar en mayo cuando inicia la suya el caballerote, y la termina en junio cuando va a comenzar la cubera. Esto, dicen, son estrategias para no tener conflictos con las otras especies, que son más numerosas y más grandes, o las dos cosas. Por su parte, la palometa y la jiguagua corren en abril, mayo y junio, y debe ser porque no andan juntas, pero el jurel lo hace en septiembre, octubre y noviembre.  Según un dato que tengo, el robalo corre por octubre y noviembre, ya me lo confirmará usted. Esto es, de manera general, lo que puedo informarle. Ya usted me confirmará si es de este modo, o si le resulta diferente.
A principios de 2007 estuvimos en una competencia por el sur de Santiago de Cuba y no encontramos casi picada. Los ríos estaban sellados con la grava que arrastran desde las montañas [o sea, los tibaracones] y solo se vieron algunos peces en uno llamado El Maiz, que dicen marcan el límite entre las provincias de Santiago y Granma, al pie de la Sierra Maestra. ¿Sucede lo mismo por el sur de Guantánamo? No en el norte, me imagino, pues en un recorrido que hice hasta Maisí en 1996 hallé el Toa y otros anchos y vertiendo, pero no tuve oportunidad de pescar, ni siquiera de preguntarle a los pescadores cómo lo hacían, porque estaba en función de los faros, viajando solo con una mochila al hombro durante tres semanas.
La respuesta que llegó el 14 de mayo fue bien notable, sobre todo porque revela la clase de pescadores que tenemos por aquella zona, interesados en el conocimiento del recurso natural en igual medida que en las buenas capturas:
Muchas gracias Ismael por la información sobre las corridas de algunas especies, muy buena, amplia e interesante. Voy a ir confeccionando una tabla para ir llevando esos datos por especies y fechas, esa información es muy valiosa. Si, siempre hay que preguntar a "los viejos" sobre estos asuntos de las corridas. Yo estoy aprendiendo ahora un poco y siempre estoy estudiando y anotando para hacer mis estadísticas. Y es cierto lo que dice, las fechas varían de un área geográfica a otra, con las condiciones climáticas locales, etc., pero por lo menos nos sirven de referencia con algún margen de variación. De hecho este viernes que viene es el tercer día de luna llena, voy a explorar a ver si aparece algún pargo criollo, pero no me decido aún por el sitio. He pescado a fondo de noche en un pesquero en la costa que le dicen "Pesquero hondo", porque de hecho lo es, y hay muchas rocas, un pargo de casi 8 libras, y en la playa en el mismo sitio, cerca de la desembocadura del Río Miel dos, uno de 5 libras a fondo y otro de 2 libras "polleando" [significa pescar a spinning con “pollo”, o sea, jig] con un señuelo tipo vinilo semejante a un pulpito de color rojo y amarillo. Entonces profesor, ¿cuál lugar le parece mejor para buscar el posible pargo de luna llena de mayo? Bueno si el tiempo me deja, porque desde hace días que está lloviendo por aquí y hay marejada. Estoy ansioso por lanzar.
Ya veo sobre la competencia del 2007 al Sur de Santiago. Bueno, aquí aunque algunos ríos ya no son lo que eran hace 20 años, todavía hay muchos y muy buenos. En cualquier momento comienzo a dar mis primero pasos en la pesca en ríos y ya le contaré.
Ya veo que realizó un trabajo con los faros. Un grupo de nosotros, los radioaficionados, desde hace un par de años, participamos en un evento internacional que se realiza en agosto, celebrando el día internacional de los faros, y nos vamos para el de Maisí e instalamos allí nuestros equipos y antenas y hacemos transmisiones para el país y todo el mundo en varias bandas y modos. El año pasado lamenté muchísimo no llevar los avíos de pesca, estaba corriendo la cojinúa, pero este año si Dios permite y vamos, si van los "cheles" de pesca.

Varios pescadores del país a lo largo de los años han acopiado estadísticas, luego convertidas en fuentes de información de mucha importancia, llevadas al blog y a libros. Al menos en el caso de estos últimos los editores no han puesto reparos a los análisis que a partir de esos datos se ha podido hacer. Eso significa que consideran de valor esa información, que los datos reunidos no solo son de interés para el gremio del anzuelo y el cordel, sino que, a falta de estudios científicos, tales reportes pueden dar datos con cierto nivel de credibilidad sobre algunas especies, y asimismo sobre las prácticas que realizan los aficionados. De modo que hagamos las estadísticas y tratemos de llevar a ellas los datos esenciales para nosotros: fecha, especie, número de ejemplares, talla del mayor de cada especie en cada pesquería, técnica empleada, hora...
Pronto llega desde Baracoa na tercera foto, esta vez con un jurel, especie que hacia occidente de la Isla llamamos, regularmente, gallego.

Ese lo capturó mi hijo frente a mi casa, en el malecón de Baracoa. Fue un atardecer de finales del mes de marzo, soplaba un poco de brisa pero el mar aunque con pequeñas holas no estaba malo, era el primer día de cuarto creciente y la marea estaba bajando llegando al mínimo. Recuerdo que esa tarde cogí "espineando" con un señuelo tipo rapala de color azul, algunas picudillas. Ya cayendo la tarde recogí y fui para la casa pero mi hijo se quedó un rato más con un vivo que tiró con una boya y usando una vara de fibra de vidrio de unos 3 metros de largo y un motor [el carrete de spinning] grande con 250 metros de un [monofilamento de nailon de]18 [libras de resistencia]. Al poco rato ya había oscurecido, estaba yo limpiando las picudillas cuando llegó mi sobrina de 11 años corriendo y muy agitada "...corre tío que parece que cogieron algo...", en realidad el mandado era "... corre y lleva el gancho...", pero la niña me dio el mensaje como pudo. Salí corriendo y al llegar ví a mi hijo "fajao" bombeando un "peje", casi de un salto llegué a su lado y pude ver que era un gran jurel, como se había quedado el gancho tuve que bajar por el arrecife como una jaiba y cogerlo a mano. Me perdí la pelea pero por la cantidad de personas mirando en el malecón y por el cansancio de mi hijo me pude imaginar el resto. El jurel pesó 12 libras. ¿Y sabe con qué vivo fue? Nada más y nada menos que con un pez que aquí se conoce como tripón pero que su verdadero apodo creo es coronel, es como una chopita con franjas transversales negras y amarillas. ¿Qué le parece?

¿Qué nos parece? Que está siendo bueno que tengamos diálogos como este con aficionados de cada sitio de pesca de Cuba. Un saludo a Oriol Laffita Oliveros; una bienvenida on line al equipo de Cubanos de Pesca, y un mensaje al éter:

“CQ, CQ, CQ pescadores. Este es hache-te-te-pe-dos puntos-doble diagonal-pescar-en-cuba-blogspot-punto-com, iniciando transmisión...”



CAMPAMENTOS DE PESCA


Hace más de veinte años tuvimos una conversación con el guía de pesca y turoperador italiano Luciano Maragni en la oficina que tenía en el hotel Habana Libre la agencia de viajes TES International. En todo ese tiempo, no hemos vuelto a encontrar a ninguna persona, cubano o extranjero, que tuviera ideas tan precisas respecto al turismo especializado, el que incluye básicamente la pesca deportiva entre sus modalidades más demandadas.
Uno de los aspectos que puntualizaba Maragni se refería al alojamiento: “Es inútil hacer un hotel en un lugar donde van los pescadores.  Son suficiente cabañas, porque los pescadores, como los cazadores, no salen para estar en un hotel, salen a pescar, o por cazar”. El confort que espera el aficionado a las actividades al aire libre, en vivo contacto con la vida silvestre, no se relaciona con el lujo. Una habitación limpia y muy bien ventilada; agua abundante para lavar los sudores y el duro calor de cada jornada, y alimentación que reconforte y restituya las energías consumidas. Es lo esencial. Haciendo memoria, el aspecto menos atendido en relación con el servicio que de modo específico requieren los pescadores, es el desayuno a la hora en que se debe partir hacia el agua. Pruebe a encontrar las cuatro o cinco de la mañana quien le sirva el necesario alimento de esa hora; a veces el refrigerio de la jornada de pesca debe ser resuelto la noche antes.
Habrá sin dudas opiniones diversas, costumbres personales que sustenten otras expectativas, gustos. Una tienda de campaña ha sido en muchas ocasiones el mejor alojamiento de todos los que personalmente ha conocido el autor en sus pesquerías. De algún modo ha influido en ello las condiciones particulares del país, donde a un período de escasa oferta de hospedaje sucedió el auge de la hotelería turística, inalcanzable mucho tiempo para el viajero nacional por reglamentación, y aun por nivel adquisitivo. La oferta de campismo, en instalaciones de bajo costo ubicadas desde los ochenta en paisajes con frecuencia inmediatos a áreas de pesca, no siempre han podido reservarse en el momento apropiado de la temporada de pesca, o para el lugar apropiado, tomando en cuenta que las reservaciones se llevan a cabo localmente, no para cualquier lugar del territorio nacional, como es posible que haya ocurrido en alguna etapa pasada; la agencia Cubamar, que gestiona esta variante de turismo en Cuba, podría estar dispuesta a escuchar recomendaciones en este sentido. La tienda de campaña, entretanto, ha permitido explorar a gusto áreas de pesca en costas y embalses absolutamente distantes de sitios habitados.
Tal vez lo que debería explicar es que la pesca deportiva cubana no ha contado con un enfoque integral en la concepción de sus servicios turísticos. En sus orígenes, primera mitad del siglo XX, el pescador foráneo solía llegar de Key West o Miami en su propio yate o en el ferry, o venía en un vuelo procedente de Nueva York, se alojaba en un hotel de La Habana y salía a pescar con Charles Roca o Yordi Cunill el padre, desde el Almendares, el Jaimanitas o la bahía de La Habana, o Tony Solar lo llevaba a pescar truchas a la Laguna de Ariguanabo. Había un servicio de pesca marítima de avíos ligeros en Isla de Pinos, con un barco que fungía de hospedaje y algunos botes que salían en la zona de pesca.
Los servicios de pesca funcionaban casi como empresas familiares y en ocasiones de un solo individuo, a partir de un barco y a veces sin ello, sino apelando al campesino o pescador artesanal de tierra adentro que tenía su chalupa y al que se le pagaban, cito “dos pesos y daban palanca todo el día”. El hotel estaba ahí, el restaurante allá, el auto de alquiler parqueado en la esquina, esperando, cuando no era el propio dueño del barco o el guía quien recogía al cliente y lo llevaba.
Habría que mencionar que, mediada la pasada centuria, lo más adelantado en cuanto a  combinaciones turísticas para promover los productos de pesca deportiva  fue la creación de un “buró de pesca” (Cuban Tourist Fishing Bureau) en el hotel Presidente, sede asimismo de la filial cubana de la Asociación Internacional para Récords de Pesca, denominación en castellano de la organización International Game Fish Association, o sea la IGFA.
Probablemente lo más cercano a un servicio completo lo organizaron en la bahía de Cabañas Federico Lindner, luego asociado con Manuel Bell Gorgas, Blakamán, que recogían al cliente en el aeropuerto de Rancho Boyeros, lo llevaban a Cabañas, sobre la costa norte occidental de la Isla, y en una embarcación los conducía a Cayo Blanco donde tenían una casa que les atendía una familia. La alimentación era resuelta sin complicaciones, con los productos que producían los campesinos de la zona, la carne que compraban a éstos o a la carnicería local y, sobre todo, con el reciclado culinario de las capturas de agujas, dorados y pargos que hacían los dueños y sus propios clientes. Con dos embarcaciones salían a la Corriente del Golfo y todo ello funcionaba con la simplicidad y la eficiencia que aspiran a alcanzar a los mejores productos del sector de los viajes y el entretenimiento.
¿Qué tal hoy? Ha habido casos en que el servicio de alojamiento ha estado dirigido con una intencionalidad al menos inicial, hacia determinados productos turísticos de pesca deportiva. Tal es el caso del centro turístico Guamá, en el relevante coto de lobinas boquigrandes –nuestra trucha- de la Laguna del Tesoro. Para la misma especie se desarrollaron sendos hoteles de más de un centenar de habitaciones en los embalses Hanabanilla y Zaza; el increíble coto truchero La Redonda, en Ciego de Ávila, contó por tiempos no tan remotos con La Casona de Morón como centro de actividades, y en otros tiempos con el hotel Morón; las cabañas de Laguna Grande en Pinar del Río, fueron en los ochenta el centro de las pesquerías del Cuyaguateje. Vinculados paralelamente a la caza, se crearon Maspotón, Virama y otros, con destacada oferta truchera.
El vínculo entre hospedaje y servicio de pesca era inmediato. El significado de esta caracterización se supone que haya sido vital para gestionar por años el producto de pesca. En el caso de la pesca en el mar, los casos más relevantes son Marina Hemingway y Marina Tarará, con alojamientos propios; no tanto el de Cayo Largo del Sur, Varadero y otros sitios similares, donde el alojamiento es estándar para un turismo mayoritario de sol y playa.
Campamentos de pesca. Abusaría de la memoria si tratara de precisar dónde y respecto a cuál lugar de pesca cubano se escuchó ese término, pero es sugerente. Sobre todo porque así está caracterizado el servicio de algunos productos internacionales sumamente rentables. No hotel, no motel, sino campamento de pesca: las comodidades que el pescador requiere, las estructuras funcionales esenciales, con mínimo impacto sobre el entorno, e inmediatas al área de pesca. Un mundo único para el que viaja con el exclusivo propósito de pescar.
Es posible que el turismo cubano tenga en estos días la expectativa de diversificar su oferta. La pesca deportiva es un recurso obvio del carácter natural más relevante del país: un archipiélago de costas de diversa topografía y notable espejo de aguas interiores. Si la fiebre acuícola es capaz de conceder credibilidad a las potencialidades turísticas, es posible que algunos embalses queden para ejercer un turismo de pesca que aceptará a nacionales y foráneos, a la par que crea empleos y genera riqueza en sitios donde no venga mal una inyección de dinamismo económico. No menos puede decirse de los mares: el afán de hacer una “zafra de sol” a partir de kilómetros y más kilómetros de playas, que generó viales y comprometió delicados sistemas naturales, podría compartirse con la identificación de reservas donde la pesca turística de capturar y soltar demuestre que similares ingresos podrían alcanzarse con menos que toneladas de pescado, con ningún pescado sacrificado y con la mínima alteración del entorno terrestre. Hay sitios todavía donde es posible crear nuevos desarrollos, no vamos a suplantar a nadie encargado por profesión o cargo de identificar y proponer nuevos y mejores usos del recurso natural, pero es de esperar que tampoco aquellos dejen la tarea en manos ajenas al país.
Cotos de excelencia como la Laguna del Tesoro y La Redonda asocian hoy día sus nombres a paseos en embarcaciones. Las cabañas de Laguna Grande estaban hace pocos años al servicio de un público nada motivado por la naturaleza. Las instalaciones de Maspotón y Virama desaparecieron. Los hoteles Hanabanilla y Zaza se mantienen, pero su vínculo natural con los acuatorios  de los que tomaron el nombre probablemente tendría que ser energizado. El segundo de ellos está sin dudas más cerca del propósito, siendo centro no solo de la pesca de la trucha, sino de sendos programas de pesca de avíos ligeros para el sábalo y robalo en los ríos Zaza y Agabama, pero la trucha merecería una actividad más intensa en todos los sentidos (estudios ambientales, control de la especie, infraestructura, promoción...).
Campamentos de pesca. Sí que es sugerente idea. Uno se lo está imaginando, con las habitaciones frescas, de madera donde sea factible. Integrados a la vegetación natural, con un mínimo de instalaciones, para los servicios imprescindibles y la socialización que es parte de este deporte. Con pasillos de circulación levantados sobre el terreno, como en la villa Las Brujas, al norte de Villa Clara. Ubicados  cerca del agua, incluso en algunas costas  donde la pesca sería de orilla. ¿Por qué no? Un campamento de pesca  puede ser un cinco estrellas, si uno lo piensa como pescador.

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