25 abril 2016

¿REMA, QUE AQUÍ NO PICAN?
E
scribir sobre pesca es lo mismo que hablar sobre pesca. Una de las características que nos hacen socialmente notables a los aficionados a este entretenimiento (deporte, método anti-estrés, vía de conocimiento de la vida silvestre, sistema de socialización y mil cosas más) es el gusto de la conversación en torno al tema. Si se trata de convertir en verdaderas leyendas nuestras lidias con el pez, pues muy bien; si de colocar una mágica lente en el entendimiento del interlocutor para que vea la pieza cobrada de mayor tamaño de lo que en realidad fue, pues mucho mejor. Narrar incluye toda la fantasía que quien cuenta sea capaz de poner. También está la verdad, incluso la verdad objetiva en extremo, como cuando se expone mediante cifras  y descripciones absolutamente verídicas y contrastables los resultados de una indagación más investigativa, más en términos de estudio, que en función narrativa. Pero en todo caso, el pescador es un comunicador por naturaleza.
¿Hay misterio en escribir? No. Solo radica en la disposición ―en último caso, la predisposición― a hacerlo. Pero quien cuenta verbalmente podría asimismo ponerlo por escrito si vence la inercia de la rutina, la ― ¿desidia?― que bloquea el pensamiento ordenado que es la forma en que se debería escribir. Pero en esencia la escritura es tan libre como la conversación, y si hay habilidad en el escritor, pues el escrito trasciende los siglos con la frescura de una verdadera conversación. ¿Han oído hablar de la Haliéutica de Oppiano? Es un largo y muy antiguo cuento de pesca. El  arte literario fue en sus lejanas esencias, oral.
¿Por qué alentamos a escribir a los pescadores? Porque la memoria de las cosas, de todos los sucesos de una comunidad, constituyen la base sobre la cual se construye su permanencia y mejoría. La pesca deportivo recreativa cubana, como cualquier otro interés social del país, requiere establecerse sobre una tradición, un conjunto de ideas que surgen de su propio devenir y cuya base objetiva es la relación que se establece a lo largo del tiempo entre el recurso natural y los individuos.
Ninguno de los dos es invariable. El recurso natural ―el agua en sus diferentes cuerpos, los peces en su diversidad, los factores ambientales...― es cambiante en la medida en que los procesos naturales, hoy sumamente complicados por el calentamiento global, es cambiante también en cuanto a la evolución histórica de la influencia humana, con su aprovechamiento y daños. Las personas, el conjunto de la sociedad, evoluciona asimismo en esta relación en una oscilación de enfoques que van desde la creencia de que lo que ofrece la naturaleza es infinito, hasta las lúcidas conciencias de que es necesario cuidar lo que el medio natural ofrece.
Dejar constancia de los hechos y las ideas acerca de la forma en que desarrollamos la pesca deportiva tiene entonces esa importancia: registra una relación de nuestra sociedad concreta, la cubana, aquí y ahora, con el medio acuático específico de este momento. Y de esa constancia surge la posibilidad documental de tomar acciones para mejorar, perfeccionar, la relación con ese medio y también el disfrute de esos bienes.
Pero sucede que, si nos fijamos, las sociedades que avanzan más y alcanzan cotas más importantes de desarrollo, son aquellas que brindan atención a todos los aspectos de su vida, y promueven, socializan y dejan constancia de todo aquello que suele ser interés humano. Y nada en la tierra puede dejar de ser interés humano.
Pocos libros de pesca deportiva tenemos los cubanos. Escasas revistas sobre el tema. La prensa diaria raramente dedica una información a este modesto asunto, por cierto enfocado entre nosotros como un deporte, dentro del mismo apartado administrativo que la pelota, el futbol o el bádminton, cuando hace tiempo que en el mundo esta valiosa actividad de tiempo libre es más un interés de instituciones medioambientales, lo que se entenderá por lo ya dicho en párrafos previos. Habría que decir, asimismo, que su aprovechamiento como actividad turística se enfoca en función de un turismo foráneo, en amplia medida operada por desconocidos turoperadores, cuando sería posible que existiera una oferta comercial para el mercado nacional, para su realidad de poder adquisitivo, que podría ser sumamente satisfactoria si quien la proyectara conociera algo de este entretenimiento que no es solo eso.
Escribir sobre pesca no es ceder de manera fanática a una pasión ―estaría justificado el hacerlo, desde el punto de vista humano―, sino construir la memoria de una parte de la tradición cubana, es decir, un elemento de su cultura. Voy a pedir al lector y colega en los afanes de pesca que me permita una cita. No un alarde de saber, ni de dominar fuentes, ella misma se explicará. Escrito en función de un estudio acerca de la tradición pesquera en una región de España, hallamos el siguiente párrafo:
 “La cultura está constituida por los significados subjetivos (Wuthnow y col. 1988, 36), que los individuos albergan concernientes al mundo en que viven. En este sentido, las actividades ligadas a la pesca fluvial y marina, desde la propia pesca a los aparejos y útiles, las embarcaciones, las actividades de fabricación, los engaños, cebos o redes, las especies que se pescan y las que se consumen, los procesos de subasta (rula) del pescado, la venta ambulante y la venta en pescaderías, generaron una cultura propia con un acervo muy rico de vocabulario y usos lingüísticos característicos, experiencias de vida y procesos de enseñanza-aprendizaje oral” (*).
*Eduardo Dopico Rodríguez (2007): “Cultura y aprendizaje oral en la tradición fluvial y marina asturiana” (http://www.ugr.es/~pwlac/G23_19Eduardo_Dopico_Rodriguez.
html), revisado el 16 de marzo de 2016.
Por alguna razón, nos estamos recordando de que la más antigua obra escrita sobre pesca fue publicada en 1496, solo cuatro años después de llegar Colón a América. Se llamaba The treatysse of fysynge with an angle, o “Tratado acerca de la pesca con caña, de la abadesa inglesa Juliana Berners. Otro clásico es The compleat angler, “El pescador completo”, escrito por Izaak Walton en 1653, del que se ha dicho que ha tenido cuatrocientas ediciones, y del cual han hecho referencias muy elevadas tanto Hemingway como el español Miguel de Unamuno. Éste, después de leer el que calificó de “dulce libro”, decía que ignoraba si la pesca como deporte le gustaría o no, pero en sus paseos por la orilla del río Tormes “gustaba más de los macizos de primaveras, de los asombrosos sauces y de las frescas riberas”.
Referencias muy pasajeras a la pesca recreativa cubana hicieron durante el siglo XIX los notables escritores Cirilo Villaverde y Tranquilino Sandalio de Noda. Durante la primera mitad del siglo XX en la prensa cubana hubo secciones sobre pesca deportiva en la revista Carteles (primero “Yates y Pesca”, luego “Yates, Pesca, Caza y Tiro”, por Federico Lindner y otros, 1938-1954). La revista Fotos, surgida en 1947, se perfiló en la pesca y la náutica alrededor de 1952, y en 1954 existió un programa de televisión, “El Rincón de la caza y la pesca”, que emitía el Canal 4 (Carteles, año 35, no. 25, 20 de junio de 1954). En esta época la pesca recreativa se perfila como un producto turístico, surgen importantes concursos y había en el país varios establecimientos especializados en venta de artículos de pesca, pero solo se publica una mala guía de pesca en 1954 y cuatro años más tarde un libro en inglés  The guide to hunting and fishing in Cuba, por Antonio G. Solar, bastante notable en su momento.
Irónicamente, acerca de la pesca en Cuba se escribió en libros norteamericanos, de una manera amplia y especializada: Hemingway, Farrington y algunos otros lo hicieron. ¿Por qué le dieron ellos más importancia al tema que nosotros? Tal vez nos corresponde dar la respuesta, tal vez no. Lo que sin dudas nos toca es documentar lo que hasta ahora no se ha documentado por nosotros mismos  de este tipo de actividad. En un período que todos los mayores de veinte años conocen bien, muchas revistas dejaron de circular en La Habana y los periódicos salían una vez a la semana. ¿Escribir de pesca? Sí, se escribió sobre pesca deportiva. Todo el tiempo que se pudo se publicó en el boletín RASCACIO, de la Federación Cubana de Pesca Deportiva. Teniendo una reserva de papel y aseguramiento de impresión para varias ediciones (ligeros equipos de stencil, dito u offset fueron los sistemas empleados), llegó una decisión de cancelar esa publicación. A quien la redactaba y dirigía le informaron que había sido así dispuesto por una comisión de “Cultura”, que dispuso que el INDER solo podía tener una publicación.
Poco después, a mediados de los noventa, surge la posibilidad de llevar el tema a algunos medios nuevos. La agencia italiana IPS comenzó a publicar la revista Tourist Press Service; apareció el tabloide belga Cuban Review; se comenzó a editar, por un empresario vasco en asociación con una entidad cubana, la revista Mar Caribe. En todas ellas se aprovechó la experiencia obtenida en las humildes páginas de Rascacio para darle imagen y presencia actuales a la pesca deportiva cubana. Luego vendría Bitácora, la deslumbrante experiencia, que duró diez ediciones.
Nuestra relación con el medio natural necesita un nuevo enfoque, que garantice aprovechar toda la potencialidad de la pesca como motivación de tiempo libre, medio de socialización y estrechamiento de relaciones familiares, herramienta efectiva de educación  ambiental, elemento sustentador de identidad, también, porque de la empatía con el paisaje surgieron las primeras manifestaciones poéticas (Cintio Vitier) y de ese entendimiento se deriva igualmente el sentido de pertenencia, que nos hace afines al lugar de nacimiento, donde jugamos de infancia, fuimos adolescentes... se crean los secretos resortes que nos hacen cubanos, a los que somos de Cuba, sin que la mayoría tengamos que explicárnoslo.
El nuevo enfoque tiene que desterrar la pesca por consumo, que no es dejar de comerse un pargo o una ensarta de tilapia, sino consiste en no llamarle deporte a sacar veinte arrobas de pargo y luego venderlas alegremente. Eso es trabajo de los pescadores que asuman la pesca comercial, pero ellos mismos, si van a hacer deporte en el tiempo libre como cualquiera en el país, ese día usarán avíos deportivos y asumirán reglas deportivas. Y cuando pesquen comercialmente, asumirán normas que deberían existir, para mantener el uso del recurso dentro de los precisos parámetros de lo que los estudios sistemáticos determinan como posible ¿Por qué? Porque cuidar los recursos no es una mera meta romántica, sino el modo de conservarlos para todos los que vienen luego. Y también porque esclarecer la relación entre nuestros actos y nuestra interpretación de esos actos en el discurso social  ha de pasar por un espacio de entendimiento que se llama ética.
¿Todo esto tiene que ver con escribir, Ismael? A alcanzar consenso contribuye en mayor medida lo escrito, por su existencia documental, verificable y asimismo contrastable con su contexto histórico, legal, cultural, sirviendo de fuente a la comunicación hablada, difusora de ideas. Escribir es también conservar la memoria. Y en eso no hay temas menores. Cuando en alguna conversación aparece un tema álgido, complicado o considerado peligroso, alguien suele decir: “Hablemos de pesca” (o “Rema, que aquí no pican”, que es un equivalente más extendido). Bien, esperemos a ver qué expresión se  inventa en el futuro si, atendiendo la seriedad de la pesca como interés de la gente del país, algunos temas requieren ser tratados. Algunos preguntarán: ¿Cuáles temas? Pero otros comenzarán a escribir, sin tener que preguntarle a nadie.

(Ismael León Almeida. La Coronela, 21 de abril de 2016)

30 marzo 2016

Concurso de texto informativo y literario
CUBANOS DE PESCA

El blog CUBANOS DE PESCA cumplirá en unos meses su noveno aniversario. Aunque precedida por un razonable período de maduración y acumulación de materiales, hasta lograr una primera estructura viable en línea, la fecha en que puede considerarse iniciado este proyecto es la del 11 de diciembre de 2007, en que fue instalado por primera vez un contador de accesos mediante el cual comenzó el control de visitas y otros indicadores.
Este sitio de internet no apela a la competitividad para alcanzar sus objetivos: no la necesita. Asumir de manera integral los propósitos derivados de su escueto nombre, a partir del conocimiento y la práctica de una afición que vincula ciertas humanas esencias del poblador del país ―aprecio por la actividad física y la vida al aire libre, sensibilidad por el medio natural, afecto por el contacto humano―con sus condiciones naturales intrínsecas, es reto suficiente. Basta la accesibilidad alcanzada, saber que cualquiera que desee saber acerca de “pescar en Cuba” con sólo marcar estos términos en la barra de búsqueda de su navegador, llegará a nosotros. Que cualquiera que desee una consulta será atendido, aunque las veleidades del acceso a internet hayan hecho en ocasiones demorar una respuesta.
La página principal de CUBANOS DE PESCA recibe unas 1000 visitas por mes, y entre una vez y media y el doble de esa cantidad reúne últimamente el conjunto de sus 11 secciones. Estas han surgido de la experiencia, en la medida en que determinados temas fueron revelando su protagonismo en las inclinaciones de la afición. Para el Editor es una satisfacción declarar que el trabajo de este blog ha sido un banco de pruebas, un laboratorio, donde han madurado temas que luego tuvieron su entrada en algunos libros. Mayor alegría es poder afirmar que tanto el Blog como el Foro, que fue puesto en marcha el 8 de febrero de 2012, han reunido en torno a este proyecto a varios colegas. Nos place pensar que CUBANOS DE PESCA es también patrimonio de cada uno de ellos, y nos esperanza que habrá un momento en que muchos más se consideren parte de esta idea, reportando acerca de la pesca recreativa desde cualquier sitio de Cuba donde esta se practique, y haciéndolo a partir del criterio personal y comprometido de quienes aprecian la deportividad, el respeto al medio ambiente, la sociabilidad abierta, culta y cívica.
Convocamos este concurso por dos razones. Una es que algunos recursos que serán otorgados como premios fueron donados por un buen amigo. Es la mejor forma de distribuir lo que la generosidad puso en nuestras manos y expresar abiertamente una gratitud. La otra es que la posibilidad de descubrir nuevos comunicadores en este tema nuestro será ciertamente alentada por la vía de un concurso. Y, por supuesto, no hace falta un aniversario “cerrado” para ello. Acá estaremos cuando un año más tarde se cumpla el décimo aniversario de CUBANOS DE PESCA en internet, o estarán otros cuando el humano ciclo sea cumplido, o quedará la inevitable memoria registrada, que es el olvido y la falta de aprecio por el valor de la información –o peor aún, la historicidad metódicamente controlada- la principal causa de la disolución del sentido de ciertas unidades esenciales. Hagámoslo nosotros por la pesca deportiva recreativa cubana, una parte modesta pero verdadera de esa esencialidad. Entonces les invito a concursar, expresándose.


Bases
1- El concurso de texto informativo Cubanos de Pesca estará dedicado a alentar el conocimiento y difusión de la pesca deportiva cubana como expresión cultural, de identidad, sociabilidad y de empatía con el medio natural del Archipiélago Cubano.

2- Podrán participar concursantes tanto cubanos como extranjeros, siempre que sus textos se ajusten a estas bases. A los organizadores no les resulta posible comprometerse al envío de premios fuera de las fronteras del país. En tal caso, sí podrían recibir por correo ordinario Diploma de participación o de premiados.

3- Se consideran válidas a los efectos de estas bases aquellas composiciones escritas que independientemente del género expositivo que las caracterice, contribuyan a promover:
- El conocimiento de sitios de pesca recreativa del territorio nacional de la República de Cuba.
- Los avíos y procedimientos técnicos tradicionales o avanzados de pesca aplicados en el país.
- Cualquiera de las especies de peces que los aficionados aprecian en las aguas cubanas.
- Asimismo, aportes que contribuyan al desarrollo social, turístico, técnico, logístico, legal o cualquier otro, de esta afición. En el caso de los textos presentados como investigaciones históricas, contarán con las referencias bibliográficas requeridas.

4- Los textos presentados a concursos tendrán una extensión mínima de 1 200 palabras y máxima de 3000 palabras, redactados en idioma español. La tipografía será Times New Toman de 12 puntos, con títulos en mayúsculas y subtítulos, de existir, resaltados en negritas. En la eventualidad de que algún concursante seleccione la expresión poética, advirtiendo que al menos en esta ocasión no habrá un premio especial para ese género, se admitirán poemas de una extensión mínima de diez (10) versos.

5- Ilustraciones a los textos, en forma de fotos o dibujos, así como complementos tales como tablas o gráficos, serán considerados parte de tales trabajos sin una consideración especial para ellos, salvo en el caso de las fotografías. Se admite un máximo de 2 ilustraciones cada 1 000 palabras, las cuales se enviarán en formato jpg, con un tamaño máximo de 100 kb.

6- Los trabajos concursantes serán enviados al Editor del blog, Sr. Ismael León Almeida, vía el correo electrónico flysmael@gmail.com, en forma de adjunto (s) en formato world con las ilustraciones separadas y en el formato digital que se indica.
En el mensaje de envío, identificado con el asunto “concurso CUBANOS DE PESCA”, el concursante expresará su nombre, dirección personal y correo electrónico, datos que servirán para remitirles certificaciones de participación y premios, y de los cuales no se hará otro empleo.
Se expresará asimismo que los textos e imágenes son de la exclusiva autoría del concursante. Los organizadores declinan toda responsabilidad por violaciones de la legislación sobre Derecho de Autor en el caso de textos o imágenes presentados a concurso. El concursante ha de manifestar su acuerdo en que su trabajo sea publicado en el blog CUBANOS DE PESCA.
La fecha límite de entrega será el 31 de octubre de 2016 y los resultados serán dados a conocer a más tardar durante la tercera semana de diciembre del año en curso.

7- El jurado lo integrarán los siguientes colaboradores del blog y el foro CUBANOS DE PESCA:
Rubén Sánchez. Pescador aficionado. Natural de Villa Clara y residente en New Jersey, Estados Unidos de América.
Moisés Mayans. Pescador aficionado. Escritor, poeta; autor de los libros Fábula del cazador tardío, El monte de los transfigurados, Cuando septiembre acabe y El cielo intemporal, entre otros. Residente en la ciudad de Holguín.
Samuel Yera. Pescador aficionado, Guía de pesca. Ingeniero Civil. Residente en Santa Clara, provincia de Villa Clara.

8- Premios.
-Diploma de participación a cada concursante.
-Diploma, conjunto de señuelos y un ejemplar del libro Técnicas y peces del aficionado cubano, firmado por el autor, a los ganadores del primero, segundo y tercer lugar.
-Un artículo de pesca adicional para el autor de la mejor fotografía incluida en cualquiera de los trabajos (las fotografías no concursan en forma aislada).
-Publicación de los trabajos en el blog CUBANOS DE PESCA.



25 febrero 2016


                                                                                           A los miles de cubanos que esperaron 
                                                                                          2016 en Peñas Blancas, balseros en tierra.

Hasta que saltaron a la letra impresa con la crisis que titulan en 1994, los balseros no existían sino para sí mismos. Las dificultades burocráticas y financieras para hacerse de una embarcación propia hicieron que muchos inflaran un neumático de camión, de ómnibus o de jeep ruso y entráramos al agua a pescar. Para la mayoría comenzó siendo un auxilio para dar mayor intensidad al deporte de la pesca, que a nivel de la orilla estaba perdiendo posibilidades. En los embalses, debido a la vegetación que en muchos sitios hace impracticables las orillas; en el mar, en busca de pesqueros inaccesibles al lance manual desde la costa. Muchos se quejaban de que las redes furtivas no dejaban llegar el pescado a la costa.
La pesca en balsas rústicas ha recibido críticas: son inseguras, dicen unos; son ilegales, se asustan otros, porque algunos las usan para robar redes y pescado de la pesca comercial. También son inelegantes. Si comparamos un neumático inflado o un cuadrado de poliespuma con un yacht en la portada de una publicación de pesca del mundo capitalista, se ven realmente horrorosas.
Pero a bordo de uno de estos artefactos flotantes se pesca, también realmente. Aclaremos que, la relación que guarda las balsas con la afición por la pesca en Cuba no puede separarse, en el enfoque de estas páginas, de la pesca deportivo – recreativa. Y dentro de esa definición, la única que cabe en este blog, hallaremos que a bordo de esos artefactos muchos aficionados cubanos se adentran en el mar y se las arreglan para pescar agujas, y en el embalse les resulta posible llegar a cada recodo, cada tramo de orilla tupida de maleza o bloqueada por el agua, como sucede en la mayoría de las presas de nuestro país.
Podemos excluir la pesca en balsas como tema de la historia de la pesca deportiva cubana. Seguir el patrón “esto no existe” y hacer como un amigo mío y colega: tomar las metodologías y directivas acerca de la pesca deportiva, cambiar algunas formas básicas del lenguaje y donde se lee: “organizar competencias para alentar la participación de…”, traducirlo como “se organizan competencias para…”. Y si las “normativas” no mencionan las balsas, pues no mencionamos las balsas.
Pero el hecho concreto es que la pesca en balsas existe, realmente. Y en dependencia de la historia de la pesca deportiva cubana que uno esté escribiendo, hay que decir que la pesca en balsa es una habilidad que el aficionado cubano ha ido adquiriendo en la medida en que alcanzar una embarcación se iba haciendo más y más ilusorio. La historia de la pesca en balsas no está documenta hasta hoy. Es probable que encontremos algunas directivas prohibiendo su empleo, pero la pesca en balsas siempre va a ser un número de años más antiguas que dicha reacción del aparato regulatorio. Independientemente de los conceptos elaborados por los legistas en relación con la pesca en balsas, peyorativamente calificadas artefactos flotantes, ningún enfoque serio de la pesca deportiva en Cuba puede obviar no solo la existencia, sino incluso la importancia de este tipo de auxiliar para la navegación del pescador deportivo cubano.
El 26 de mayo de 2007 exploramos un foro del sitio argentino El Anzuelo en internet, en el que el cubano Yordankis Alonso, sometía al diálogo el criterio de los aficionados de otros países acerca de la pesca desde balsas (http://www.elanzuelo.com/invboard/index.php?s=449123cb61659b6e52d3c84ac1d1b3a7&showtopic=1720). La indagación incluía una encuesta, según la cual más de la mitad de los participantes consideraba muy arriesgado este método de salir de pesca, pero menos del 24 % decía que no la utilizaría.
En la encuesta realizada por Ismael León Almeida entre el año 2000 y el 2002, un total de 102 (Un 49.3 % de participantes en la encuesta) pescadores cubanos indicaron que empleaban regularmente balsas rústicas en la pesca recreativa. Las balsas rústicas son empleadas indistintamente en el mar o en cuerpos de agua fluvial. De manera particular, en los embalses permiten el aprovechamiento de sectores de pesca donde la accidentada topografía o la espesa vegetación, con frecuencia espinosa, no posibilitan la pesca de orilla y es imposible el vadeo a causa de la profundidad.
Del total de encuestados, 168 ofrecieron argumentos respecto a su preferencia o rechazo por el empleo de las balsas rústicas. Un 54.8 % fueron positivas y el 45.2 %, negativas. Los principales motivos para aceptar la pesca en este tipo de implemento flotante fueron la posibilita de realizar más captura (29), la necesidad (23) y a causa de que hallaban impracticables las orillas de los embalses (14). Otros argumentaron que las usaban debido a que las embarcaciones estaban prohibidas en las presas, eran cómodas para pescar y daban movilidad al pescador. Quienes rechazaban pescar en balsa, lo hacían principalmente por hallarlas inseguras o sentir temor de su empleo (23), considerarlas ilegales (17), por no necesitarlas (12), o por no gustarles (10). Según las respuestas a la encuesta, las balsas eran de tipo inflable (neumáticos de vehículos de varias clases) en el 79.4 % de los casos, o compactas, en su mayoría construidas del material plástico denominado poliespuma, en el restante 20.6 %.
Un mediodía de agosto de 1996 conversábamos en la costa del municipio Playa, al oeste de la capital del país, con un pescador en “cámara” que había cobrado cinco cibíes a vara y carrete, con boya y pollito. Aseguraba el colega que en días anteriores había tenido mejor suerte, con días de 40 e incluso en una ocasión de 72 cibíes. Para hacer su pesquería recorría una distancia considerable, pues se echaba al mar por el sitio nombrado La Copa, a la altura de la calle 42, y en esta ocasión acababa de salir por la costa colindante a la calle 174.
La necesidad de un medio flotante, aparte de la movilidad y la mayor amplitud de oportunidades para hallar los peces, que parecen ser requisitos normales de esta pesca en cualquier parte, está el hecho de que una gran parte de las orillas de nuestros embalses so impracticables para la práctica de la pesca desde tierra y aun al vadeo. En una ocasión llegué con mi nieto al embalse de Baracoa, preparamos las cañas, comenzamos a atravesar una franja de vegetación espinosa tras la cual seguía otra de plantas flotantes (malanguetas). Al llegar al punto donde podíamos usar los avíos, ya el muchacho tenía el agua en la barbilla. Y es algo que ocurre múltiples veces: orillas selladas de plantas inextricables...etc.
En ocasiones se halla el problema del relieve de la orilla, la profundidad de algunos embalses y, en general, a causa de que una cantidad de buenos pesqueros se hallas aguas adentros, un criterio de pescadores aficionados que debería ser válido en esta materia. Sucede que la carencia de un modesto bote de remos frena las posibilidades del pescador, que se siente privado de su afición, limitado e sus posibilidades de disfrute y de desarrollo técnico en el deporte que ama, y tratando de hacer su captura a cualquier costo, acabo por no respetar nada que entrara a su anzuelo, tuviera o no talla adecuada, fuera o no a consumirlo.
Al menos desde los pasados años 80–el estimado es aleatorio, puede ser más tiempo que ese, nunca menos- los más tenaces aficionados a la pesca se inventaron en Cuba las balsas; en una de las imágenes veremos un fabuloso artefacto que fue publicado en la revista habanera FOTOS nada menos que en 1952. Nacieron los balseros y toda su mítica, aunque en realidad el balsero pescador no necesariamente derivó hacia el balsero emigrante, sino solo usó un modo que luego sirvió al otro propósito. Las balsas, a fin de cuentas, no fueron diseñadas sino para facilitar una pesca relativamente costera y para  los embalses, nunca para el cruce de un mar como el del estrecho de la Florida, objeto de desesperados migrantes.
Es probable que la palabra diseño la hayamos usado en un sentido algo figurado, ¿no?, pues el proceso de creación es tan simple que más parece una broma genial que de pronto se ha convertido en realidad y sus cortos detalles han surgido al paso de la necesidad. Ha de advertirse que los modelos comerciales de “float tubes” o “patos”, con su amplia diversidad de modelos –¡incluso los catamaranes personales!- no pasan de ser derivados de factura industrial de lo que en su momento la necesidad llevó a inventar a los cubanos.
La balsa original es un neumático inflado: de ómnibus, de camión, incluso de jeep. Les llamamos “cámaras”. Para pescar en aguas dulces se prefieren pequeñas, que se puede inflar a pulmón y desinflarse en pocos minutos. Para lograr mayor rapidez en estas operaciones, los pescadores recortan el conducto metálico de entrada del aire, deshaciéndose de la complejidad mecánica del gusano y las tapas de válvula, los que sustituyen por un simple tapón de goma para impedir el escape del aire: la bomba de goma de un gotero o un fragmento de tubo de goma flexible doblado y atado.
El balsero ata sobre la cámara un saco tejido de nailon, de los usados para contener granos o harina en el comercio, y el mismo le servirá para guardar la cámara, las patas de rana y la captura a la hora de retirarse del embalse. En el mar es más común que empleen como plataforma para sentarse una malla de fuerte cordel tejido. ¿Qué no se ha visto en venta, obra de oportunos artesanos, estas mallas especialmente preparadas? Entonces usted no ha estado en Cuba suficientemente cerca de la gente acerca de la cual escribo. Las balsas inflables marítimas lleva más aditamentos que las fluviales: un tubo plástico que es el portacañas, una tabla corta fijada a la malla para colocar un mechón (recipiente con combustible y una mecha) para alumbrarse en las noches, estrobos de madera para remar, que sirven asimismo para colocar los carretes o yoyos. Una caja plástica va a remolque, flotando: es el vivero donde el balsero lleva la carnada. 
La otra variante de balsa no es neumática, sino compacta, y cualquiera podría adivinar sin mucho esfuerzo su barato origen. Se trata de un muy ligero material plástico aislante, un polímero de uso en el embalaje y más recientemente incorporado como componente en las construcciones. Acá se le llama poliespuma. Las balsas de este material ha recibido el nombre de “corchos” y “bumbos”. Las más ligeras so las usadas, por supuesto, en los embalses, pues su característica más deseable es que puedan ser transportadas a bordo de la bicicleta del pescador. Un modelo común puede estar construido por dos bloques de “poliespuma” 50 por 50 centímetros, por unos 40 centímetros de altura, unidos por tubos de aluminio a una distancia que permite colocar en la parte central un asiento de lona u otro material, quedando espacio para que los pies del pescador entren al agua, calzados con sus aletas de buceo.
Aunque tal es la estructura básica del “corcho”, cada pescador da al suyo algo de su individualidad. Así, uno lo hará articulado en medio, porque se sirvió de un catre de aluminio desechado, otro lo ha construido de tal modo, agrandando algo los flotadores, que va sentado sobre uno de los bloques de “poliespuma” y no con el trasero sumergido todo el día.
Usted puede apostar, a ojos cerrados, que todos los campeones cubanos de la pesca de la trucha, son expertos balseros. Uno de ellos asegura que las balsas surgieron en La Habana, cuando la fuerte presión de pesca sobre los pocos embalses hizo que los ya fanáticos “trucheros” buscaran mejorar sus resultados alejándose de las orillas. Luego el invento se generalizó, los practicantes perfeccionaron su técnica y la abundancia de sus capturas tentó a los demás.
Además de la balsa y las infaltables patas de rana, el equipamiento básico del balsero es su avío. Aunque la línea mano, con su correspondiente yoyo, se usa ampliamente, el uso de la vara y carrete tipo spinning se ha extendido, de longitud más corta en occidente, en tanto se reporta un limitado uso del baitcasting hacia la zona central, marcadamente en la provincia de Ciego de Avila. Para retener los peces el accesorio elegido es la ensartadera, otras veces se usa el saco ya descrito o una bolsa de tela mejor elaborada, según la curiosidad del pescador y la ayuda que reciba de su esposa. Nadie, salvo los turistas y sus guías, usa en Cuba el salabre; para cobrar la trucha se usa la mano libre.
Como herramienta adicional, para muchos nada secundaria, el balsero lleva en el bolsillo de su trajinada camisa de kaki un pequeño carrete, que puede ser una lata vacía de cerveza, o un elaborado segmento de tubería plástica de descarga pluvial. Enrolla un tramo de sedal que remolca libremente tras la balsa, con su anzuelo y su lombriz artificial. Le llaman “chispín” (*de chispa, algo pequeño, crepitante, activo, que llama a los peces y descubre a veces donde se hallan. Chispa, en la pesca a spinning marítima, es el simple anzuelo al que se viste con un haz abierto de pelo de cabra teñido de amarillo) y es mortífero. A veces se da el caso de que el balsero carece de una vara de pesca a carrete y usted lo verá agitar las aletas, mientras porta en cada mano una línea con su señuelo sumergido. Cuando pica una trucha, asegura el carrete opuesto bajo el muslo, recoge línea usando ambas manos, cobra el pez y lo ensarta, y todo eso sin dejar de mover rítmicamente sus pies para que la balsa navegue al impulso de sus aletas.
A las balsas rústicas se les ha descubierto un buen número de ventajas, incluso cuando se les compara con los botes. La primera y más apreciada de todas es su gran autonomía. La posibilidad de pescar continuamente y en movimiento. El acceso a lugares estrechos. La facilidad de posicionamiento. La ayuda que representa su ligereza para lidiar una presa de gran talla, acercándola con el avío a la vez que se aproxima a ella con la balsa, maniobrando con facilidad para alejarla de los sitios donde los obstáculos puedan representar un riesgo de pérdida de la pieza.
También tiene desventajas, como la dificultad de mantener una posición exacta, vital cuando el área de pesca efectiva es muy restringida, como es el caso del lanzado sobre estructuras sumergidas. No es apropiada, por supuesto, para cubrir las distancias que se pueden hacer en un bote de remos y mucho más a motor, pero tampoco los embalses son todos de tan dilatadas dimensiones que soportarían sin daño para sus ecosistemas el ruido, el goteo de combustible y el excesivo esfuerzo pesquero. En general, el balsero carece de confort: va siempre empapado, soportando junto a la humedad que le cubre, el soplo del aire, el frío que es compañero e lo mejor de la temporada, y a veces el ayuno al que por elección o falta de previsión se someten algunos por seis u ocho horas de pesca, durante las cuales el universo del pescador se reduce a un toque recibido sobre los dedos de la mano.
A criterio de un pescador que conozco, calificado tanto en al pesca desde una cámara que a bordo de un flamante bass boat, la pesca en balsa es un procedimiento fácil, una vez que se ha adquirido dominio de la navegación impulsada a pata de rana, pero no prepara al pescador para la pesca al vadeo o para pescar a bordo de una embarcación. Puede que sea cierto, pero esa ha sido y es todavía la opción mayoritaria, y me atrevería a afirmar que la mayoría de los pescadores de truchas de este país, lo que han llegado a la esencia de la pesca a vare y carrete y el uso de los señuelos, no tendrá dificultades para desempeñarse en esta cuestión: pescará al vadeo si no le queda otro remedio, y se adaptará al bass boat mucho más rápido de lo que un turista se adapta a una balsa rústica.













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