07 junio 2019



A FAVOR DE LA LEY DE PESCA
por Ismael León Almeida

Un definitivo paso de avance la  elevación  a la categoría de Ley de la regulación jurídica de la Pesca en la República de Cuba. Tiene los días contados el Decreto Ley 164, que tuvo para los aficionados a la pesca deportivo recreativa la relevante virtud de haber dado fundamento legal a esta actividad de tiempo libre, cuyo vínculo a  las tradiciones nacionales expresa la intensa relación entre el habitante del archipiélago y su paisaje patrio. La existencia de cubanos que amaban la pesca entre sus entretenimientos fue mencionada en su momento por fuentes culturales tan reconocidas como Cirilo Villaverde, Tranquilino Sandalio de Noda y el sabio ictiólogo Felipe Poey y Aloy, los tres ya en el siglo XIX.

De acuerdo con el artículo 8 del proyecto de la nueva Ley de Pesca cubana (http://www.parlamentocubano.gob.cu/wp-content/uploads/Ley-Pesca-proyecto-para-ANPPok-27.2.19.pdf), la práctica de la pesca de orilla con avíos deportivos será libre en el país para las personas naturales, nacionales y extranjeros. El alcance de esta libertad, que no es nueva en la legislación pesquera nacional, debería ser objeto de un mesurado análisis en las reglamentaciones que en un futuro –esperemos que inminente- se establezcan. La negación de permanencia en áreas litorales a los aficionados ha sido tan insistente durante los años transcurridos desde que en 1996 entró en vigencia el decreto Ley 164, Reglamento de Pesca, como lo fue antes de la existencia de ese instrumento legal, siempre mediante la argumentación de importantísimas razones por parte de la entidad encargada de la vigilancia costera.

Dentro del mismo artículo citado señalan: “En las zonas de pesca declaradas como zonas de alta significación ambiental e importancia histórico-cultural, no se permite esta práctica, sin previa autorización”. Es correcto: se trata, nos lo podemos imaginar, de áreas protegidas del país, como la Península de Guanahacabibes, el Sur de la isla de la Juventud y muchas otras, incluidos los cayos del archipiélago cubano. Ahora bien, son  esas zonas valiosísimos escenarios para la pesca recreativa y su aprovechamiento por los pescadores aficionados del país debería regularse, sobre bases conservacionistas, generando tácitamente un turismo de pesca para el cliente nacional a precios acordes a la capacidad adquisitiva del país.

Probablemente se está estableciendo una conceptualización legal sin precedentes en los acápites segundo y tercero del artículo 15, sobre modalidades de pesca. Es la primera vez, tras muchos años de lectura en esta materia, que hallamos una separación como la propuesta entre pesca deportiva y pesca recreativa. Ambos términos son equivalentes. Quien pesca por afición no deja por ello de practicar lo que universalmente se conoce como pesca deportiva, porque tanto los implementos que utiliza como el fin de su actividad admite su definición como deporte, o sea, un tipo de actividad que implica determinado nivel de ejercicio físico. Los implementos son especiales porque están concebidos para dar mayores oportunidades al pez y disfrutar las demostraciones de fuerza y velocidad que hacen más compleja su captura. Además, retener su captura no es objetivo prioritario para el pescador deportivo-recreativo: el mayor  valor que consigue el aficionado es el aporte a su salud corporal y anímica. ¿Qué expresan los mencionados acápites?:

2. La Pesca deportiva consiste en la captura de organismos acuáticos con fines competitivos, sin que medie ánimo de lucro.

3. La Pesca recreativa es aquella mediante la que se produce la captura de organismos acuáticos con fines recreativos o de esparcimiento, sin que medie ánimo de lucro, incluye la pesca submarina.

No hay, en efecto, ánimo de lucro en la práctica de esta afición, ya lo argumentábamos. Pero decidir que la pesca es “deportiva” solo cuando se compite es crear un basamento legal para acciones posteriores que, en definitiva, en nada han mejorado hasta hoy la práctica de esta afición. El Instituto Nacional de Deportes, educación Física y Recreación, INDER, organismo que tiene a su cargo hasta hoy la conducción metodológica de esta actividad, se despidió en 2008 del Torneo Nacional Ernest Hemingway, el último certamen de pesca que organizaba con su presupuesto, aunque bajo la dirección organizativa de la Federación Cubana de Pesca Deportiva. Esta asociación sí mantiene el vínculo con el organismo deportivo, dado que así lo establece la legislación de Asociaciones vigente en el país. Hubo una época de auge: En 1985 Cuba contaba con 161 688 pescadores aficionados, según dato obtenido en el Nuevo Atlas Nacional de Cuba; pero hoy día solo se cuentan oficialmente 17 600 pescadores deportivos, según la “Fundamentación de la propuesta de Ley de Pesca” (http://www.parlamentocubano.gob.cu/wp-content/uploads/Fundamentación-del-proyecto-de-Ley-Pesca-para-la-ANPP-26.2.19.pdf). Las cifras son suficientemente elocuentes, pero valdría la pena intentar en algún momento documentar el proceso de pérdida de una afición que es parte de las tradiciones nacionales, positivamente relacionadas con el marco físico del país: 5 743 kilómetros de costas en las que se alternan manglar y seboruco; bajos y hondones, puntas, ensenadas, bahías y estuarios, en tan diferentes promesas para el amante del deporte de las pitas y los anzuelos.

El documento citado también manifiesta que 18 638 ciudadanos realizan la “pesca comercial privada”, y es digno de recordar que en 2007, cuando se intentó disolver la Federación Cubana de Pesca Deportiva (FCPD), el interés promovido por el entonces existente Ministerio de la Industria Pesquera era convertir las “Bases de Pesca deportiva” en una especie de nuevas cooperativas para la pesca comercial y, debido a la resistencia de la asociación, surgió la iniciativa de contratar en privado a los propietarios de embarcaciones de Lista Quinta, o de placer, para el ejercicio de la pesca comercial por cuenta propia, de ahí ese conjunto de pescadores que suman más que los deportivos y antes fueron parte de la citada FCPD, porque  tal era la condición para poseer una embarcación privada.

En el artículo 17 del proyecto de Ley de Pesca se menciona al INDER como uno de los organismos que desempeñan “funciones estatales sobre la práctica de las modalidades de la pesca deportiva y la recreativa”. En la práctica, el organismo rector del deporte nacional es el “órgano de relaciones” de la Federación Cubana de Pesca Deportiva. Pero jamás se pronunció durante las semanas del verano de 2007 en que los miembros del Ejecutivo Nacional de la FCPD realizaban gestiones a nivel de país y  sostenían reuniones con el Ministro de la Industria Pesquera para evitar la desaparición de la federación.

El INDER  tiene grandes y complejas misiones que cumplir, en el desarrollo del deporte. Solo el beisbol, si queremos mencionar alguno, los retos son inmensos, para elevar el nivel técnico de los equipos y peloteros nacionales, para conducir la internacionalización de los jugadores locales, para preservar la tradición beisbolera frente a los avances “postmodernos” y globalizantes del futbol, que en definitiva es también un deporte sano, aunque sus avances –sobre todo mediáticos- tienen en su raíz una poderosa industria promocional. La pesca deportivo recreativa es algo diferente.

Lo que diferencia a la pesca deportivo- recreativa de aquellos deportes, olímpicos, o no, atléticos o de otros tipos, es que el pescador es actor relevante en una interacción entre la comunidad humana y uno de los más sensibles escenarios naturales, las aguas. Si la Ley de Asociaciones mantiene esa figura que es el “órgano de relaciones”, seamos al menos consecuentes y relacionemos la pesca con aquel organismo que destina la nación a la protección de los recursos naturales y el medio ambiente. Porque tampoco la Industria Pesquera, que es organismo rector de la actividad recreativa en países como México o Argentina, podría ejercer esa función normativa y metodológica para las pesquerías de los aficionados. Véase que los límites de captura para la pesca deportiva están fijados en 15 kg para los embalses y 30 kg en aguas marítimas, pero no  se han establecido tallas mínimas ni se diferencia por especies los peces en cuanto a las cantidades que pueden ser tomados. Y 15 kg de truchas, digamos por caso, serían cinco truchas de 3 kg, 15 de 1 kg, o 60 de 250 gramos..., o 120 de 125 gramos. O sea, que el impacto sobre las poblaciones de peces es desigual, aunque siempre se haya estado pescando bajo normas legales. Hoy día, en el acápite de los “Presupuestos políticos, económicos y sociales” que forma parte de la citada  “Fundamentación de la propuesta de Ley de Pesca”, se reconoce una reducción de 44% en las especies que se pescaban en la plataforma marina del archipiélago y el decrecimiento de las capturas llega al 70%, y esto solo en los últimos cinco años.

La inclusión de la pesca submarina –por caza submarina se le conoció, más bien, en este país- en el concepto legal de “pesca recreativa”, puede acomodarse al interés de los autores de la norma de sintetizar el tema, pero muestra falta absoluta de conocimiento de una y otra actividad de las así englobadas. Presencia legal claramente establecida y diferenciada debe tener la pesca deportivo-recreativa, sin falsas o improcedentes delimitaciones de conceptos que en la práctica no funcionan en este entretenimiento, cuya presencia en la literatura mundial es apenas un poco menos antigua que la llegada de Colón a América. Y  normas asimismo válidas deben indudablemente darse a la caza o pesca submarina, estúdiese esta por separado y otórguese la condición legal que proceda, siempre desde el mismo referente que en la nueva ley se le mencione. Ambigüedades en materia legal son problemas.

Y en cuanto a la condición “deportiva” de la pesca, si lo que se pretende es dar un cuerpo normativo a las reglas de competencia, ha de comenzarse el trayecto por propiciar la formación de asociaciones de pescadores con mayor autonomía, sin el verticalismo actuante hace tantas décadas, como si de un ministerio se tratase y no de clubes que de modo espontáneo se formen para promover la afición, el disfrute en la naturaleza y la expansión de técnicas de pesca más adelantadas y de eventos más valiosos. De tales bases surgirán en su momento las reglas que se requieran; de lo contrario va a eternizarse el error de hacer creer a una agrupación de pescadores que tienen la autoridad sobre todo lo que se haga en esa materia en el país, sin que el país esté en condiciones de fiscalizar si en verdad poseen ese saber y esa excelencia para ofrecer. Fueron aficionados, no un organismo, quienes crearon el primer evento de pesca a mosca efectuado en el país, Zapatafly, como resultado de un proyecto de educación ambiental. Fueron aficionados quienes, examinando la experiencia internacional y la aplicabilidad en el  país, quienes  propusieron las bases de competencia de una modalidad que nunca antes habían practicado de modo organizado aficionados cubanos.

La “Fundamentación...” anuncia una nueva voluntad: “Reconocer formas no estatales como sujetos de aplicación, incluyendo el ejercicio de la actividad por cuenta propia, que incluye nueva categoría de pesca no estatal tanto acuícola como de plataforma”. Abramos por una vez los ojos para darnos cuenta de que no únicamente la captura de pescado para consumo son necesidades que pueden resolverse con nuevos modos de acción. La pesca deportivo recreativa tiene un infinito campo de necesidades que aportarían a la economía y al bienestar de la sociedad: desde ofertas para clientela nacional o foránea de nuevos productos turísticos de pesca; la venta de avíos de pesca, la producción y venta de carnada, y un numeroso etcétera. Sitios hoy necesitados de un nuevo aliento para recuperar sus potencialidades económicas y sociales, como los 168 asentamientos pesqueros en compleja situación, hallarían un renacer con iniciativas de este tipo, sin que el impacto sobre el sensible medio natural marítimo y fluvial-lacustre fuera mayor que el de las operaciones de la pesca comercial.

Hay demasiados puntos a favor de una visión más adecuada hacia la pesca deportivo recreativa cubana. Y está en el país todo el saber que se necesita para llegar a un mejor y  más sano aprovechamiento de los recursos involucrados en esta afición. No es válido repetir fórmulas cambiando simplemente las palabras.


06 mayo 2019



PESCA DEPORTIVA: DE PASATIEMPO A  RECURSO
Ismael León Almeida

― ¡Ah, pero no se marche! ― Dijo la jugadora de piedra, papel
o  tijera,  todavía  con  los dedos en afilada posición de corte.
(De un cuento inédito).


El presente habría podido ser impartido como conferencia en un evento efectuado el pasado mes de enero en La Habana, pero quedó incompleta por decisión ajena al ponente. Como en el sector científico local parece haberse despertado una cierta motivación hacia la pesca recreativa, es mejor que nos decidamos a hacerlo público en su forma completa y original, no sea que a alguno resulte útil.

Pesca deportivo-recreativa, una definición          
Las visiones más rutinarias acerca de la pesca deportivo-recreativa identifican esta actividad bien desde la perspectiva del ocio ―entendido como opuesto a la laboriosidad, más que como provechoso ejercicio de tiempo libre―, o bien a partir de un equivocado pragmatismo que la convierte en una fuente de pescado con destino al consumo. Es igualmente equivocada la opción histórica, creo que exclusivamente nuestra, de incluirla en el ramo del deporte, en una mecánica magnificación de uno de los componentes de su nombre, en igualdad con manifestaciones tales como el beisbol y la gimnasia, olvidando que las disciplinas deportivas no necesariamente involucran impactos ambientales del tipo que provoca la pesca, ni es lo mismo ver la pelota o el futbol por la televisión que salir a pescar.
Las prácticas pesqueras de los aficionados en las aguas de nuestro Archipiélago Cubano son susceptibles de más de una interpretación, de acuerdo con los métodos empleados e intereses en los productos derivados de estas. Basados en la experiencia personal de alguien que ya pasa de seis décadas de vida, podemos resumir brevemente el significado para nosotros del término Pesca recreativa:

-Alguien que va a pescar usando un avío cualquiera, pero del tipo deportivo o recreativo: la tradicional vara criolla, el cordel, o más contemporáneamente, los equipos de vara y carrete.
-Un grupo que decide pasar el domingo en la desembocadura de un río, con un modesto paño de red, sacando pataos, friendo y acompañando el gustado bocado con alguna bebida espirituosa, considera igualmente que está pescando recreativamente.
-Igual piensa aquel que colecta camarones de ley bajo las piedras de una fresca cañada que desciende de una loma.
-o quien empleando una fija ensarta ranas toro o clarias, se vale de pandongas para acopiar camarones, de tarrayas para coger pescado que no es exclusivamente para carnada, o se dedica al cueveo de peces a mano limpia.

La multiplicidad de significados que acoge el mismo concepto pesca recreativa, nos alerta acerca de la necesidad de avanzar hacia precisiones que requieren tanto el ordenamiento de la actividad misma como la administración de los recursos naturales en ella involucrados. No es menos atinado apuntar cuánto influiría tal definición en un aseguramiento logístico hoy ausente.

Por otra parte, hablar de pesca deportiva conlleva el elemento competitivo, en apariencia esencial dentro del esquema organizativo de esta actividad en el país. Los principales certámenes de esta modalidad en Cuba son, o fueron, los de pesca de agujas al curricán, la pesca del pargo criollo mediante cordel a mano; la pesca a spinning en litorales marinos y sobre todo la pesca de la lobina negra boquigrande o trucha en embalses.
Ahora bien, ¿no deberíamos detenernos a considerar que el factor esencial que define la pesca por afición es aquella relación que establecemos al intervenir los humanos en el medio natural acuático? Desde este enfoque, la visión podría ser esencialmente diferente.


De la historia universal de la pesca por afición
A escala internacional, la pesca deportivo-recreativa posee una prestigiosa historicidad avalada por notables creaciones literarias. Existe una obra de impresionante antigüedad, que es la Hǎlieutǐca de Oppiano de Anazarbo, redactada posiblemente entre los años 177 y 180 d.n.e., y su título significa “lo relativo a los peces y los libros o tratados acerca de ellos”. Sin embargo, el moderno concepto de pesca recreativa aparece ya hecho en una obra de fecha tan reciente como 1496, si se fijan, tan solo cuatro años después de la llegada de Colón a América, y su autor no es un fanático pescador de caña en los arroyos del Viejo o el Nuevo Continente, sino la abadesa de un convento inglés, Juliana Berners, que escribió The treatysse of fysynge with an angle (Tratado de la pesca con caña). Bastante más tarde, Izaak Walton redactó su famoso The compleat angler, publicado en 1653 y que alcanzó numerosas ediciones en vida del autor y muchas más hasta el presente.
En el mundo hispánico, también la pesca ocupaba un puesto en los intereses recreativos junto a los torneos de caballería y la caza. El famoso rey literato, Alfonso X El Sabio (1252-1284), la incluyó en algunos de sus tratados, mientras se consideran posteriores  clásicos del tema Los Diálogos de Fernando Basurto, donde se describe el montaje de moscas en el año 1539, y el Manuscrito de Astorga, publicado por Juan de Bergara en 1624.


Síntesis evolutiva de la pesca deportivo-recreativa en Cuba

-La pesca en la comunidad indígena del archipiélago cubano.
El carácter recreativo de las pesquerías cubanas podría ser tan antiguo como el poblamiento humano en su territorio. La singular geografía del país, constituido por una gran isla principal con una extensión costera de 5 743 kilómetros y cuatro archipiélagos homogéneamente distribuidos en torno a ella, con miles de islotes y una muy diversa configuración costera, no es posible imaginar un escenario más propicio para la práctica de la pesca y en realidad no hubo otro que lo fuera más, sin desestimar en ello las aguas interiores, cuya riqueza en peces solo fue menor cuando la presión humana provocó la desaparición de lagunas y arroyos y la contaminación de muchos otros.
Además de la recolección, la caza y, en los más avanzados, la agricultura, los aborígenes cubanos hicieron un uso amplio de los recursos pesqueros del territorio. Hábiles constructores de embarcaciones, contaban también con avíos de cordel y anzuelo, además de las redes, corrales para criar lisas y el empleo del pez pega o guaicán para cobrar piezas mayores. La abundancia de recursos naturales para la subsistencia habrían influido en procesos de sedentarización y cierta disponibilidad de tiempo libre, condiciones que posibilitarían prácticas piscatorias sin la presión de las necesidades colectivas, que servirían asimismo, de modo colateral, para el entrenamiento de las habilidades de los más jóvenes integrantes de las comunidades.

-Período colonial. Manifestaciones en el siglo XIX.
Referencias a la afición del habitante de la Isla de Cuba por la pesca recreativa han sido halladas en la obra de notables escritores del siglo XIX. Una de ellas la incluye el narrador Ramón de Palma y Romay en su relato “Una Pascua en San Marcos” (1838); Cirilo Villaverde lo hace en su testimonial “Excursión a Vueltabajo, y Tranquilino Sandalio de Noda la revela en las “Cartas a Silvia” (1840), en una de cuyas entregas comenta que “el vueltabajero... corre á pesquerías, más por placer de embullarse ó reunirse que por el interés de lo que va á pescar...”. Hacia 1868, poco antes del inicio de la Guerra de los Diez Años el norteamericano Samuel Hazard descubrió en La Habana que los guadaños que recogían viajeros al pie del castillo de la Punta para llevarlos de paseo o cruzarles la bahía, también eran alquilados para salir de pesquería. Las primeras licencias para pescadores aficionados fueron establecidas en Cuba en 1886, mediante un reglamento puesto en vigor por una Real orden de la reina regente María Cristina, en representación de su hijo Alfonso XIII. Tenían un costo de siete pesetas y cincuenta céntimos y autorizaban al poseedor a “pescar en los ríos, lagunas, estanques y charcas”.

-La pesca deportiva se presenta en sociedad.
La promoción turística de las pesquerías recreativas cubanas comienzan en el verano de 1933, cuando aparece en la revista norteamericana Esquire la crónica “Marlin off the Morro”, publicada por el novelista Ernest Hemingway. La prensa local ofreció al tema su mejor atención a partir de 1937, con el comienzo de la publicación de la sección “Yates y Pesca” en la revista Carteles. Con el correr de los años aparecerían asociaciones, torneos, establecimientos especializados en artículos de pesca, ofertas de guías y embarcaciones, incluso la que resultaría la primera marina del país: el Club Náutico Internacional de La Habana, donde fundaron, el 26 de mayo de 1950, el concurso internacional de pesca de agujas en opción a la Copa donada por Ernest Hemingway, evento que hasta hoy convoca el país con carácter internacional. La introducción en las aguas dulces cubanas de la lobina negra boquigrande (Micropterus salmoides), se ensayó con éxito desde 1928, con el fin explícito de crear una nueva oferta en el turismo de pesca, cuyos principales destinos eran la Laguna del Tesoro y la de Arigüanabo.
Las pesquerías en el mar con avíos de lanzado ligero a vara y carrete no tuvieron en Cuba la importancia y cobertura en los medios alcanzada por las lides de los peces de pico. Batabanó, un poblado litoral al sur de La Habana, fue caracterizado como un gran pesquero deportivo de sábalo, especie que asimismo fue pescada deportivamente en la misma bahía de La Habana. Sitio reconocido por expertos extranjeros para la captura de sábalos fue asimismo el río Hatiguanico, llamado “The enchanted river”, o “Río Encantado” por los guías que traían turistas norteños al país. La Isla de Pinos, cuya escasa población y limitado contacto con la de Cuba hicieron que fuera poco frecuentada en la época por aficionados de la ínsula mayor, sería escogido por Vic Barothy, un descendiente de húngaro procedente de Michigan, para poner en marcha lo que probablemente haya sido la primera operación de pesca basada en un buque madre con pequeños botes a remolque para sacar a pescar turistas. A aquellas aguas acudía en sus vacaciones un pelotero de los Boston Red Sox (los “Medias Rojas de Bos-ton) nombrado Theodore (Ted) S. Williams, que solía pescar a mosca en los flats pineros, territorio de sábalos y macabíes.

-Sindicalismo a cordel y anzuelo.
De la nutrida ictiofauna cubana, un total de 11 especies de peces fluviales y 44 marítimas resultan de interés para los aficionados. Un período de auge de la afición comenzó a partir de 1963, cuando se inicia la convocatoria de los torneos nacionales de la pesca de agujas “Ernest Hemingway”, inicialmente convocados por la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), con participación por sindicatos; posteriormente pasaron a la organización territorial, con invitados de diversos organismos, hasta que el evento nacional desaparece tras su final celebración en 2008. También aparecerán competencias dedicadas a las más diversas especies, como los festivales del pargo criollo realizados por largos años al norte de Matanzas, los de la rabirrubia, otros dedicados a la barracuda, y posteriormente los que se especializaron en la pesca a spinning, modalidad sumamente apreciada por la afición local, cuya sede más estable es el litoral sur de la Isla de la Juventud, y más tarde las series dedicadas a las pesquerías de la trucha, que en unas décadas había adquirido carta de naturalización en cada cuerpo de agua dulce de Cuba y la Isla de la Juventud, con un certamen de muy destacado nivel en el embalse Leonero, el “Incendio de Bayamo”.

-El día después: lo que cambió el 2007.
La pesca deportivo recreativa, bajo la dirección del INDER, alcanzó en el país un largo desempeño, especialmente a partir de la creación, oficialmente en 1979, de la Federación Cubana de Pesca Deportiva (FCPD). La actividad de esta asociación se basa fundamentalmente en la convocatoria de certámenes de pesca desde nivel municipal a nacional, con la introducción de los “torneos abiertos”, con participación retribuida por cada participante, a partir del 2006. Según datos oficiales, en 1985 había en Cuba 161 688 pescadores aficionados inscritos en las estructuras participativas de su organización.
Una iniciativa alentada en 2007 por el Ministerio de la Industria Pesquera pretendió la disolución de la FCPD, lo cual no fue aceptado por sus directivos y no se llevó a efecto. Sin embargo, la captación de pescadores propietarios de embarcaciones para efectuar contratos de venta de capturas a organismos estatales, probable a carencias del sector, perjudicó de manera definitiva la identidad deportivo recreativa y fines correspondientes de la mencionada asociación, cuya membresía decayó, asimismo, una vez que desapareció la obligatoriedad de poseer el carné de afiliado para pescar desde embarcaciones en el mar, una discutible exigencia. El proceso mencionado aparece descrito en el libro de nuestra autoría Pesca deportiva cubana. Historia y tradición, publicado en 2009 por la editorial Científico Técnica.
La existencia de asociaciones de pescadores de amplia acogida por los aficionados beneficiaría al país y a sus miembros. La apertura hacia un mayor número de áreas de pesca para el aficionado nacional, facilidades de acceso a las mismas, comercialización de avíos, rescate de certámenes a todos los niveles y difusión de prácticas de pesca más amigables con el medio ambiente serían algunos de los avances posibles.


Potencialidades de una afición
Las prácticas de la pesca recreativa generan valores de tipo social que incrementan la calidad del tiempo libre y su influencia positiva sobre la salud emocional del individuo y el mejoramiento de la estabilidad de las relaciones familiares y sociales. Asimismo en algunos países es atendible el aporte económico resultante de esta actividad, en tanto son menos visibles de momento sus potencialidades como herramienta de educación ambiental.
La pesca deportivo-recreativa es una actividad compleja. Coloca en una muy estrecha relación a la comunidad humana y a uno de los ambientes más sensibles del entorno natural: los cuerpos de agua y los ecosistemas que les corresponden. Asimismo, la pesca deportivo- recreativa resulta una opción sumamente carismática y diversa de ocupación del tiempo libre. Esta diversidad pone al aficionado en relación con una extensa variedad de especies de peces buscadas por el pescador; genera múltiples técnicas y los correspondientes instrumentos para llevar a cabo las capturas, y aporta un significativo valor adicional a los diferentes paisajes en los que tal afición es desarrollada.

-Actividad de tiempo libre
Como actividad de tiempo libre, la pesca recreativa ofrece atractivos que motivan a las personas a esforzarse en abandonar rutinas pasivas, tan corrientes en tiempos de creciente influencia de internet y juegos electrónicos. El pescador aficionado se impulsa a conocer nuevos lugares, dominar nuevas técnicas de pesca, identificar los peces, informarse, intercambiar experiencias. Activa así su mente y su disponibilidad física.

-Valores de socialización
El pescador aficionado posee tendencia a compartir sus salidas de pesca con personas cercanas, amigos, familiares, compañeros de trabajo. Esta tendencia gregaria da lugar con frecuencia a la creación de clubes de pescadores; a salidas regulares de familiarización entre miembros de un mismo centro de labor, y principalmente en el seno de la familia es intenso compartir pesquerías, principalmente cuando los miembros más jóvenes forman parte de tales encuentros, creando lazos de afinidad y recuerdo comunes invaluables. Disfuncionalidades humanas, tales como la ceguera, sordera o de tipo físico motor, entre otras, han sido asimismo atendidas mediante terapias asociadas a la pesca recreativa.

-Oportunidades económicas
En lo económico, puede destacarse entre otros indicadores el monto anual de gastos de los aficionados, en función de la satisfacción del interés en la pesca como entretenimiento,  estimado durante la primera mitad de la pasada década en 25 000 millones de euros para Europa, y unos 42 000 millones de dólares en los Estados Unidos, detrás de cuyas cifras es fácil entrever una apreciable influencia de este entretenimiento en la creación de empleos y en la generación de actividades comerciales, principalmente en función de un turismo especializado de elevado estándar. En países de menor desarrollo, el aprovechamiento de esta opción en puntos geográficos cuyo aislamiento respecto a los centros urbanos y las redes de comunicación constituyen una desventaja económica, puede representar soluciones mediante la implantación de proyectos sustentables de explotación turística de la pesca recreativa.
Hay un amplio potencial económico en la pesca deportivo- recreativa cubana que debe ser investigado. La venta de avíos de pesca constituye un elemento muy visible de esta área de posibilidades, pero no ha bastado, en ninguna de las oportunidades en que se ha intentado, habilitar un establecimiento de venta de artículos de pesca y ofrecer al público lo que se considera necesario o lo que los proveedores extranjeros ofrecen buenamente. Hay que establecer los tipos de pesquerías, los habían que la técnica y la tradición enseñan, y la estacionalidad de esa demanda.

-Herramienta de Educación ambiental
La posibilidad de generar proyectos de educación ambiental a partir de la motivación que representa la práctica de la pesca por afición no ha sido, que sepamos, documentada. La práctica de este entretenimiento está con frecuencia asociada a escenarios de notable calidad paisajística, desde el punto de vista florístico y asimismo por la vigencia en el entorno de componentes atractivos de la fauna terrestre, todo lo cual representa un aliciente para la sensibilidad de las personas hacia tales elementos, que podemos considerar incrementables en el tiempo.
Tal lo representó, entre 2006 y 2010, la celebración del torneo de pesca a mosca Zapatafly, en los privilegiados pesqueros de macabí de Las Salinas en Ciénaga de Zapata. Medio centenar de aficionados cubanos nos sumamos a aquella experiencia, aprendimos la pesca a mosca y los criterios conservacionistas asociados a esta  modalidad técnica y fuimos conquistados por uno de los paisajes más sorprendentes y bien conservados de nuestro archipiélago. De más está decir que la normativa de liberar los peces capturados en aquellas competencias, no necesitaron una explicación para ser entendidas y cumplidas.


La pesca recreativa como producto turístico. Situación actual en Cuba
Las ofertas de pesca desaparecieron del turismo cubano hasta 1977, cuando los intentos del gobierno del demócrata de James Carter de restablecer relaciones con Cuba propiciaron un temporal acercamiento de los deportistas de Estados Unidos. La corriente turística provocada por tal decisión, se regularizó desde noviembre de ese año, mediante viajes semanales que operaban las agencias Amer-Mex, Mexicana BassTours y la local Cubatur. Este auge turístico tuvo uno de sus principales reflejos en los niveles de participación que alcanzaron los torneos de pesca organizados durante 1978 y 1979.
Aunque, como es sabido, la apertura propiciada por Carter no duró mucho más, el turismo de pesca logró mantenerse con altas y bajas, principalmente con la participación de turoperadores europeos, principalmente compañías italianas como Ventana, TES International y Press Tours. Luego se incorporó Canadá Cuba Sports and Cultural Festivals y los productos de pesca evolucionaron paulatinamente hacia una mayor presencia de la pesca marítima de avíos ligeros, en enclaves como Jardines de la Reina, Cayo Largo del Sur, la cayería inmediata a la Isla de la Juventud, todos estos operados por la compañía Avalon, que lleva un cuarto de siglo en Cuba, y la incorporación de nuevos enclaves, como la cayería Norte de Villa Clara, con un excelente producto operado desde Cayo Las Brujas, y Ciénaga de Zapata, que gestiona un turoperador ruso. Los precios de estas pesquerías y probablemente algunas normativas hacen estos productos inalcanzables para los aficionados cubanos.


Examen crítico

-Situación del marco legal.
El reordenamiento de los recursos pesqueros del país, hacia el que sin lugar a dudas se encaminan las nuevas políticas del sector, posee la oportunidad de realizar una contribución sustancial a la mejor administración de la ictiofauna marítima y acuática del Archipiélago Cubano, mediante una revalorización integral del complejo de prácticas y conocimientos que responden al acápite de la pesca deportivo-recreativa. La definición oficial de esta modalidad corresponde al Decreto Ley 164 de 1996, Reglamento de Pesca, cuyo artículo 35 manifiesta: “En la pesca deportivo-recreativa que se practique tanto en las aguas marítimas como terrestres, sólo se podrán utilizar como artes o avíos, el carrete, la vara, el cordel y el alambre con anzuelo. Se autoriza el uso de la atarraya exclusivamente en aguas marítimas y con el único fin de obtener carnada.” Alega el artículo 39 que “Los productos de la pesca deportivo-recreativa son para el consumo personal o familiar y no podrán utilizarse con fines de lucro”, en tanto el número 40 abre la posibilidad, si bien con determinados requerimientos, de acceder de manera legal a la comercialización de tales productos.
Resoluciones emitidas por el extinto Ministerio de la Industria Pesquera regularon los embalses del país donde se aprueba la práctica de la pesca deportivo recreativa, mientras la principal especie fluvial en el interés de los aficionados, la lobina negra boquigrande, tradicionalmente denominada trucha (Micropterus salmoides), es protegida por dos instrumentos legales, la resolución 260 de 1998, que establece la aplicación de la modalidad de capturar y soltar en los embalses de Palmasola (provincia de Villa Clara) y Voladora (Cienfuegos), y la resolución 323 del mismo año, que establecía un plan piloto con facilidades especiales para el desarrollo de la pesca deportiva del mencionado centrárquido, con tallas la aplicación de tallas mínimas y períodos de veda en los embalses Cuyagüateje, Mal País II, Hanabanilla, Porvenir y la laguna La Redonda.
Se carece de constancia de la aplicación en el país de los citados instrumentos legales destinados a la conservación de la lobina boquigrande; en tanto, aspectos medulares para la administración del recurso pesquero, tales como las cuotas de captura aplicadas en general en el mar y las aguas dulces, fueron normadas según el peso total de los peces cobrados por el aficionado en una jornada de pesca, sin delimitar la talla mínima ni la cantidad de ejemplares que podrían tomar para su consumo. Las cifras admitidas alcanzan a 15 kg para la pesca fluvial y las pesquerías marítimas en zonas consideradas de mayor importancia económica, y llegan a 30 kilogramo cuando estas últimas son caracterizadas por ley como de menor importancia económica. Si asumimos un peso promedio de 1.5 libras (0.7 kg, aproximadamente) para la trucha capturada en agua dulce a vara y carrete, la cuota legal de captura podría ser cubierta por unas 22 truchas, pero la indefinición del peso mínimo deja abierto el escalafón para ejemplares que, de acuerdo con la estimación del aficionado, resultan aceptables, con lo cual el pescador todavía estaría cumpliendo la ley al llevar a su bolsa 65 ejemplares de media libra, si bien el impacto sobre la población de peces sería muy superior, sin que pueda establecerse que ha habido por ello ganancia en términos de calidad del proceso recreativo, que podría ser descrito como una correlación entre frecuencia de la picada y talla de los ejemplares.        

-Enfoque del modelo asociativo.
La estructura asociativa diseñada para la organización de la  pesca deportivo recreativa en Cuba, tiene su base en la Ley 54, Ley de Asociaciones, y otros mecanismos, como las denominadas Normas de Relación. Esta ley establece en su artículo 8 que la solicitud para constituir una nueva asociación será denegada “cuando aparezca inscripta otra con idénticos o similares objetivos o denominación a la que se pretende constituir” (acápite d), lo cual constituye una limitación difícil de salvar y sumamente restrictiva, vista la extensión territorial del país y la diversidad de modalidades de pesca que podrían ser objeto de interés para diferentes agrupaciones sociales. Un caso práctico en el que se afrontó este obstáculo fue la propuesta de crear un club para la enseñanza, práctica y promoción de la pesca a mosca, surgido en el taller teórico efectuado en 2006 como parte del torneo de esta modalidad, Zapatafly 2006, efectuado en Playa Larga, Ciénaga de Zapata. El club proyectado formaría parte de la Federación Cubana de Pesca Deportiva, pero nunca fue recibida la aceptación de esta organización adscrita al INDER.
Se insiste hoy mismo, en la propuesta Ley de Pesca de inminente entrada a la práctica institucional y social, en adscribir la pesca deportivo recreativa a la jerarquía del organismo del deporte nacional. Se pierde, en este enfoque, la perspectiva principal de tal actividad: actuamos los aficionados sobre importantes recursos naturales y nada es más significativo en esta relación que el uso que se hace de los componentes del medio. Distanciar el origen de previsibles impactos ambientales de la mirada y la experiencia de los organismos y las instituciones científicas medioambientales no es un paso en dirección a las soluciones que la nueva ley pretende alcanzar. Considerar que la realización de competencias de pesca solo puede ser atribución del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación,  es un argumento que jamás tuvo su origen en la experiencia de un certamen de pesca de la trucha en Leonero, de spinning en el Sur de la isla de la Juventud, de pesca de la aguja en Cojimar o de pesca a mosca, cuando se realizaban en Ciénaga de Zapata. Por lo mismo, crear una separación artificial  entre pesca deportiva y pesca recreativa, sobre la base de competir o no, es tan confuso y forzado como llamar recreación a un juego de pelota en el que no se compite, y deporte cuando sí se hace. Parece, más que otra cosa, una ficción conceptual para no dejar sola a la pesca submarina como una categoría, que nada tiene que ver, nada, con la pesca de cordel y anzuelo.

-Estado de los recursos involucrados en la actividad.
La carencia de información acerca de la captura y esfuerzo pesquero en el sector de la pesca deportivo recreativa fue una factor puesto de relieve por Rafael Puga, en su “Caracterización de la pesca comercial y recreativa en Cuba”, expuesta el 6 de agosto de 2018 durante el “Taller preparatorio para analizar y definir acciones que favorezcan la sostenibilidad de la pesca recreativa”. El encuentro fue celebrado en la sede del Club Náutico Internacional de La Habana y contó con la participación de integrantes del Harte Research Institute for Gulf of Mexico Studies, de Corpus Christi, Texas, Estados Unidos de América. Directivos de la FCPD presentes en el encuentro manifestaron su disposición a colaborar en la búsqueda de tales datos, una posibilidad real, si bien estructurada, para organizaciones de este tipo.
Es de destacar, que la obtención de información procedente del sector pesquero deportivo es factible de llevar a cabo a partir de modelos de información establecidos normativamente, o mediante relaciones interinstitucionales, mediante colaboraciones de pescadores experimentados, registros de competencias, sistemas de récords de pesca y algunos otros que puedan ser ideados y puestos en práctica.
Algunos pescadores recreativos, en diferentes épocas, registraron e hicieron públicas sus propias capturas por temporadas más o menos extensas. El aficionado Roberto Rodríguez, de La Habana, publicó en un boletín titulado Rascacio los resultados de 23 pesquerías efectuadas en 1981 en el embalse Mampostón. Danilo Domínguez Ortega, de la provincia de Camagüey, anotó en 1992 las capturas de 79 pesquerías fluviales en varias represas del país; en Villa Clara, Samuel Yera Pompa, destacado guía de pesca y competidor, llevó a cabo durante los dos años siguientes al anotado un estudio de sus pesquerías deportivas en el embalse Palma Sola, para una caracterización con vistas al aprovechamiento turístico del enclave; mientras, Librado Jesús Ríos Domínguez, de la capital, llevó de modo detallado en un cuaderno escolar el registro de sus capturas durante 2007 y 2008, que abarcan 110 pesquerías y 872 ejemplares, con una media de 1.8 piezas por hora de pesca. En el segmento de las pesquerías marítimas, quedó una ejemplar bitácora anotada por el conocido músico y pescador de agujas Modesto Tico Viada, propietario sucesivamente de los yates Tico Tico y Tico Pilín. Un total de 260 salidas de pesca entre finales de 1966 y 1973 son anotadas en el documento, que permitió comprobar el empleo de cordeles de fibra vegetal en las pesquerías deportivas cubanas hasta ya entrada la década de los setentas.

-Acceso a opciones turísticas para –y su gestión por- ciudadanos nacionales.
La estructuración de una oferta de turismo de pesca para clientes nacionales, con todos los servicios que corresponden, sería una contribución social que probablemente beneficiaría a un par de cientos de miles de ciudadanos de este país, si solo tomamos referencia la cifra de aficionados a la pesca que existía en una fecha tan lejana como 1985. Las formas de gestión económica no estatal tendrían en esta posibilidad un terreno atractivo y desafiante de creatividad, generando negocios de guiado, alquiler de embarcaciones, venta de carnada, venta y alquiler de avíos de pesca, venta de licencias..., además de ofertas de hospedaje, gastronomía y transporte especialmente concebidas para los pescadores. Realizados los estudios y formalizadas las propuestas, quedaría a la decisión gubernamental decidir en qué momento esas ofertas de cooperativas no agropecuarias, cuentapropistas y otros tipos de entidades privadas se  extenderían también al turista internacional, de acuerdo con normas del país y estándares internacionales, como es razonable.


Ciencia para un pasatiempo, ¿pérdida de tiempo?

-La pesca deportiva como objeto científico.
En el transcurso de su historia, la pesca deportivo recreativa ha sido receptora de logros en diversas ramas de la ciencia y la técnica. Los impulsos iniciales parecen nacidos de brillantes intuiciones, tomando en cuenta solamente la identificación inicial de maderas idóneas para la fabricación artesanal de cañas, los sedales fabricados con crines equinas, según son descritos estos elementos por Juliana Berners, en los orígenes de la pesca con mosca, señuelos convertidos en arte de la reproducción de los cebos naturales.
Luego entraría en función la mecánica, dado que alcanzar mayores distancias en el lanzado y alcances de línea fue objeto de adecuaciones que partieron, en ocasiones de manos de relojeros. El anzuelo guarda una herencia de miles de años, y las líneas, de originales fibras vegetales, acabaron por hallar en el nailon su primer apoyo en la química.
Mas, debe entenderse que una contribución esencial al desarrollo del deporte de la pesca procede de la biología, principalmente de la rama ictiológica, dado que el estudio de los peces, a cuyas páginas no dudan en acercarse los aficionados, han abierto como ningún otro tipo de conocimientos, en entendimiento de los aficionados acerca del objeto de sus desvelos. La navegación, la meteorología, la cartografía, los estudios hidrográficos y otros, no son tampoco ajenos a la evolución del deporte de la pesca.
Hoy día, para alcanzar el objetivo de actualización de la pesca deportiva cubana, habrá que apelar a no pocas fuentes de conocimiento.

-Algunos ejemplos de la acción científica en función de la pesca por afición en el ámbito internacional.
Una atenta búsqueda en internet ofrece cierta orientación en relación con enfoques, diversidad temática y probables aportes metodológicos cuando la pesca recreativa es abordada con criterio científico. Títulos como Recreational fisheries: Ecological, Economic and Social Evaluation y Global Challenges in recreational fisheries representan una muestra de las referidas potencialidades, diferentes de los tradicionales puntos de vista de los libros escritos para el aficionado, en los cuales se hallará en primer lugar los métodos deportivos para pescar ciertas especies, o para usar determinada clase de equipos, o acerca de las pesquerías que es factible realizar en escenarios específicos. La actualidad internacional de la investigación científica en torno a la pesca recreativa puede constatarse en los programas de eventos como la World Recreational Fishing Conference, de frecuencia trienal, o la serie bienal  International Bonefish & Tarpon Symposium, y asimismo en la actividad de agencias tales como la European Inland Fisheries Advisory Commission, adscrita a la FAO, de cuya visión hemos de tomar nota:
“Establecer mejores prácticas y principios de manejo para las pesquerías recreativas responsables, entre naciones, regiones, organizaciones o las comunidades de individuos en la pesca recreativa en la región EIFAC, de acuerdo con las reglas relevantes de la legislación internacional, nacional y regional, tomando en cuenta sus aspectos más significativos en el orden biológico, tecnológico, económico, social, cultural y medioambiental.” (European Inland Fisheries Advisory Commission: EIFAC Code of Practice for Recreational Fisheries. EIFAC Occasional Paper No. 42, Roma, 2007).
Un caso notable en la interrelación entre investigación científica y el deporte de la pesca  lo hallamos en el libro de Izumi Nakamura Billfishes of the world (1985), que incluye en sus fuentes bibliográficas varios textos realizados por autores dedicados al estudio de la pesca por afición; uno de ellos es Ernest Hemingway, con su sobresaliente “Marlin off Cuba” (1935), un texto basado en la experiencia que obtuvo el novelista de su intercambio con los investigadores de Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia Charles M. B. Cadwalader y Henry W. Fowler, sus invitados a bordo del yate Pilar durante el verano del año precedente.

-Cuando en Cuba nos interesamos por las investigaciones a favor de la pesca recreativa o ¿Cuándo en Cuba nos interesamos por las investigaciones a favor de la pesca recreativa?
El flujo turístico que siguió a la decisión de James Carter, de permitir viajar a Cuba a ciudadanos norteamericanos, tuvo uno de sus principales reflejos en los niveles de participación que alcanzaron los torneos de pesca organizados durante 1978 y 1979. Ante el interés de ese mercado por los viajes de pesca a Cuba, el Centro de Investigaciones Turísticas asoció biólogos y especialistas medioambientales de otras instituciones científicas nacionales para realizar diversos estudios. Uno de los que todavía consultamos es el Análisis de las pesquerías deportivas de agujas (Pisces. Géneros: Isteophorus, Tetrapturus, Makaira)en la región noroccidental de Cuba, a cargo de los investigadores del Instituto de Oceanología Darío Guitart, Mar Juárez y José Fernández Milera. También resulta esencial la investigación acerca de la trucha en la Laguna del Tesoro, donde efectuaron un sobresaliente torneo en enero del primero de esos años. En los trabajos se halló que la trucha, que era la especie más buscada por los aficionados en aguas interiores cubanas, se hallaba en proporción de 21.9% en los canales y de 24.3% en la laguna, respecto a una población íctica general que incluía biajacas, sábalos, manjuaríes y solfishes. Es un obra cuyo método, estilo y resultados probablemente contribuyan a reactivar el interés por una de las especies de más potencial recreativo y turístico en el país.
Otros textos que revelan una incipiente voluntad de introducir la ciencia en el desarrollo de la pesca deportiva, para su aprovechamiento turístico, pudieron ser consultados años atrás en el Centro de Documentación del Turismo, que tuvo su sede en la esquina de F y 5ta., Vedado, y cuyos fondos deben hallarse actualmente en la biblioteca de la Escuela de Altos Estudios de Hotelería y Turismo, Formatur, en los bajos del hotel Sevilla-Biltmore, en esta capital. Entre ellos se hallaban artículos sobre la trucha, el sábalo, el macabí y un trabajo de diploma acerca de caza y pesca turísticas. Algunas tesis sobre pesquerías recreativas han sido presentadas en años recientes en la Facultad de Turismo de la Universidad de La Habana y se conoce de una indagación en proceso acerca de la presencia de la trucha en Cuba, iniciada por el Centro de Investigaciones Pesqueras.

-Propuesta de un banco de problemas.
Hemos sugerido la creación de un grupo de expertos para identificar los problemas, proponer  y ejecutar estudios de nivel científico técnico, a fin de solucionar conflictos y limitaciones materiales, mitigar impactos ambientales y además actualizar e incorporar a las dinámicas sociales y económicas la pesca deportivo recreativa cubana como un recurso aprovechable. Los siguientes temas serían una propuesta a priori.

-Revisión bibliográfica en apoyo a los estudios de la pesca deportivo-recreativa cubana.
-Identificación y evaluación de impactos ambientales en las prácticas de la pesca deportivo-recreativa en Cuba. 
-Evaluación de la ictiofauna cubana de interés para la pesca deportivo recreativa.
-Marco legal de la pesca deportivo recreativa  cubana.
-Examen de la estructura asociativa diseñada en Cuba para la organización de la  pesca deportivo recreativa, a partir de la Ley 54, Ley de Asociaciones, y otros mecanismos, como las denominadas Normas de Relación. Propuesta de nuevas variantes.
-Potencialidades  del trabajo por cuenta propia, las cooperativas no agropecuarias y otras formas de gestión económica no estatal, para el desarrollo de ofertas destinadas a  aficionados nacionales a la pesca deportivo recreativa.
- Creación de productos turísticos de pesca deportivo recreativa, destinados a clientes nacionales cubanos.
- Propuesta de conversión de áreas de pesca comercial en áreas de pesca turística, mediante los estudios correspondientes que garanticen la potenciación de saldos económicos suficientes en beneficio de las comunidades involucraras.
- Organización de eventos para el pescador aficionado cubano.
- Creación de  una Norma cubana para el desarrollo de la pesca deportivo recreativa sobre bases sustentables.  
- Análisis de la demanda de artículos en el  mercado interno cubano para las prácticas de la pesca deportivo recreativa.
- Definiciones geográficas, paisajísticas, &c., de los sitios con potencial para la pesca deportivo recreativa en el Archipiélago Cubano. Inventario de los sitios que reúnan tales características. Categorías de protección ambiental que les corresponden o es factible proponerles.



¿Solución?: resolución
La belleza de nuestra lengua admite la dinámica síntesis del título de esta sección final de nuestro conversatorio. Para resolver los problemas de la pesca deportivo recreativa cubana, o sea, realizar el tránsito desde una actividad hoy día conflictiva hasta convertirla en un recurso de valor social, económico, educativo, positivo desde todos los puntos de vista, hay que tener resolución. O sea, evitando toda ambigüedad: tenemos que ser resueltos.
Es necesario afrontar estudios multidisciplinarios que permitan identificar los problemas y las potencialidades de esta afición, pero sobre todo es importante saber que el mínimo intento en este sentido chocará con intereses, pasividades, prácticas parásitas, justificaciones mesiánicas en el fondo discutibles: todo un entramado de posturas generado desde el cuadrante de la toma de decisiones,  que revelan un desconocimiento de los valores elementales de una actividad social estrechamente relacionada con las características físicas del país en que sustentamos la nación.
Lo que deseo resumir, con la mayor claridad que resulte posible, es que más allá de las razones que han sustentado las autoridades para limitar el acceso de los ciudadanos del país al disfrute de un bien natural que de modo indiscutible les pertenece, se transparenta la ignorancia de que lo expresado en términos de derecho, constituye asimismo una manifestación de identidad.
Somos cubanos, nativos insulares: nuestro sentido de pertenencia se construye con cada uno de los elementos del paisaje, integrado por ello desde temprano a la expresión cultural, y este incluye las aguas: ríos, lagunas, esteros, costas, mares, con sus cayerías incluidas. Por ello no ha de extrañarnos que en nuestra narrativa no sea trascendidos por el tiempo algunos cuentos del inolvidable Onelio Jorge Cardoso, como “El caballo de coral”, “El hombre marinero” o “Los carboneros”, entre varios otros; o que una de las cotas científicas que nos llenan de orgullo sea precisamente la Ictiología cubana de Felipe Poey y Aloy. Tampoco nos asombra que, cuando se intentó rescatar el Torneo Hemingway como evento turístico internacional, casi dos décadas después de su última convocatoria original, la iniciativa de un funcionario del entonces Instituto Nacional de Turismo, el recordado Miguel Arocha, a cargo entonces del departamento de Caza y Pesca de ese organismo, simplemente consiguió una guía de marinas de la Florida, envió cartas a cientos de ellas, y colmó los canales de Barlovento de embarcaciones alistadas para la competencia. Fue tal la impresión que causó en los visitantes la calidad del evento,  que  Dade Whitney Thornton, un prestigioso escritor, fotógrafo y organizador de torneos norteamericano, cuya carrera continuaría años más tarde en la promoción de tales certámenes en Bahamas, en esa ocasión escribió su dictamen acerca del concurso cubano en la revista Southern Boating: “Hemingway habría estado orgulloso”. Nosotros también, por supuesto.



Top Fishing      Websites at TopFishingSites.Com