21 julio 2015

















HEMINGWAY Y LA CUESTIÓN DE LOS MANILOS
EN LA PESCA DE AGUJAS EN CUBA
Ismael León Almeida
A Dania
La novela El viejo y el mar,  que publica Hemingway en 1952 y en el transcurso de los dos años siguientes le promueve a los premios Pulitzer y Nobel de Literatura, desarrolla su argumento en torno al procedimiento de pesca de agujas mediante calas profundadas, descrito por este autor en la crónica “Marlin off the Morro” (1933) y posteriormente en un artículo monográfico titulado “Marlin off Cuba” (1935).
Con una extensión de 27 páginas, “Marlin off Cuba” es un pormenorizado recuento de las pesquerías de agujas a la altura de la costa noroccidental cubana, con referencias a métodos comerciales y deportivos de pesca, la biología de los peces, la corriente del Golfo y las potencialidades turísticas de esta actividad.
A pesar de haber tenido escasa atención por parte de los estudiosos tradicionales de Hemingway, el texto constituye uno de los pocos trabajos del novelista norteamericano cuyo enfoque, marcadamente técnico, se diferencia del tratamiento periodístico o narrativo del tema de la pesca a lo largo de su obra, y ha sido citado al menos en un trabajo científico relevante sobre peces de pico, como es el catálogo del Dr. Izumi Nakamura, publicado en 1985 por la FAO.
El elemento que motiva nuestra presente indagación, se halla en el mismo párrafo introductorio de “Marlin off Cuba”, donde Hemingway afirma: “La pesca comercial para agujas y emperadores fue introducida desde Manila, Filipinas, por hombres que trajeron el método de derivar con la Corriente del Golfo en pequeños pero muy marineros botes, pescando con  carnada muerta y usando de cuatro a seis líneas pesadas a profundidades que varían de setenta y cinco a ciento cincuenta brazas...”.
Hemingway no aporta ninguna pista acerca de donde ha obtenido esta información, que de manera inmediata va a entrar en contradicción con el criterio que cinco años antes había expresado una fuente local, cuyo dominio del tema de la pesca comercial cubana se ha de considerar apreciable para la época. Federico Gómez de la Maza, en un artículo de 1930, había planteado que la pesca de agujas practicada en Cuba "se verifica siguiendo métodos puramente locales, y que no tenemos noticia de que se utilicen para esa clase de pesca en ninguna otra parte del mundo".   
Los escasos autores que se han acercado a la historia de la industria pesquera cubana coinciden en destacar el protagonismo hispano en el origen de su desarrollo. Enildo González Pérez (1999) señala que en la época colonial la pesca era ejecutada fundamentalmente por “mallorquines, canarios y otros individuos oriundos de zonas costeras españolas”, mientras otras fuentes señalan asimismo gallegos e incluso de la zona litoral del Cantábrico.
En un sorprendente cambio de opinión, Federico Gómez de la Maza afirmaría en 1936 que los “manilos” se destacaban entre los primeros que habían practicado la pesca de agujas en Cuba, dando a entender que su información provenía de fuentes testimoniales.
Nos hallamos entonces ante la teoría de dos autores, cuya proximidad al tema debemos reconocer, quienes plantean que una pesquería documentada desde mediados del siglo XIX, circunscrita a un área cuyos límites sobre la costa noroccidental cubana se conocen de modo muy preciso, tiene su origen no en las tradiciones pesqueras españolas evolucionadas en Cuba, sino en otra colonia de la misma metrópoli, ubicada virtualmente en las antípodas.
El procedimiento de pesca al cual nos estamos refiriendo ha sido descrito de modo muy detallado y preciso por Hemingway y Gómez de la Maza. Este último señala en 1930 y en 1936 el empleo de embarcaciones de entre 15 y 18 pies de eslora, con remo y vela muy simple, en las que por lo regular calaban cuatro cordeles: el avío de la mano, el
Los anzuelos se ubicaban en profundidades de 75, 90 y 105 brazas, mientras el cuarto avío, chiringo, cuyo empleo era eventual, permanecía próximo a la superficie (unas 25-30 brazas).
Uno de los factores que sobresalen al examinar en detalle este procedimiento es su evidente bajo costo respecto a otros sistemas de pesca que requieren embarcaciones de mayor porte, un gasto superior en avíos, más tripulación y campañas más dilatadas, como es el caso de los viveros y las pesquerías con artes de red en general.
En contraste, se destaca un conocimiento muy preciso de las especies en cuya captura se empeñan, no solo de la estacionalidad de la corrida, sino sobre todo de las profundidades a las cuales cada una de ellas se desplaza durante sus migraciones, según muestra la comparación entre las profundidades de avíos señaladas por diversas fuentes y la proporción de captura según profundidad, en un estudio realizado con palangre por el biólogo Darío Guitart en 1964.
El término manilo, mencionado antes, es vernáculo y de uso bastante antiguo. Lo recoge del siguiente modo Esteban Pichardo, en su Diccionario provincial de voces cubanas, cuya primera edición vio la luz en Matanzas en el año 1846: “La persona o cosa natural o perteneciente a Manila. Dícese por antonomasia del Chino Asiático colono”.
Aunque en 1847 se inicia en La Habana el tráfico de asiáticos, para sustituir la mano de obra esclava africana, cada vez más escasa debido a las presiones para finalizar la trata que ejercía Inglaterra desde la firma de un tratado al respecto con España en 1817, Juan Pérez de la Riva asegura que una inmigración previa pudo ocurrir alrededor de 1830, cuando chinos de Cantón asentados por años en la colonia de Manila, y duchos en las costumbres españolas, habrían venido a Cuba por la vía de España. Aunque no en número significativo, varios anuncios de venta de siervos de origen chino fueron hallados en ediciones del Papel Periódico de La Habana correspondientes a fechas de finales del siglo XVIII y principios del XIX.
Una pequeña población filipina, mezclada a la más numerosa y próspera comunidad china, se reportaba en el censo de 1881 en el poblado marítimo de Regla, en la bahía de La Habana, según señala Pedro Cosme Baños en Los chinos en Regla. Pese a que la mayoría de los registrados desempeñaban oficios de mar, ninguno aparece como pescador.
La ausencia de peces de pico entre las 75 especies reportadas por Parra en su obra de 1787 y el reporte de aguja de paladar y de casta que publica Poey en 1858, además de una referencia al Album de Sagra, fechado en 1834, en la ficha de la primera especie, delimitan el período de probable inicio de las pesquerías comerciales de peces de pico en La Habana, dentro del cual queda insertado cualquiera de los probables arribos de asiáticos antes comentados.
Aunque prima el punto de vista de que la pesca no fue un sector atendido por la administración colonial hasta mediados del siglo XIX, la apertura de una nueva pescadería en La Habana en 1837, con ciertas mejoras en las condiciones para desempeñar su función, muestra como mínimo un determinado auge de este sector económico en la capital de la Isla.
Por otro lado, los datos sobre las pesquerías españolas, cuya organización en cofradías es conocida desde el siglo XII, no resultan concluyente respecto a la probabilidad del origen hispano del “agujeo” cubano, debido a la ausencia de una pesquería dirigida en especial o con alguna sistematicidad a la única especie de aguja del Mediterráneo (Tetrapturus belone), al protagonismo de las artes de red y el palangre, y al uso del cordel en modos sumamente diferentes de la técnica expuesta en este trabajo.
Dos significativas coincidencias oceanográficas entre Filipinas y Cuba contribuyen a sustanciar la hipótesis de que los manilos pudieron haber sido introductores de los procedimientos de esta pesquería en La Habana. En primer lugar, el flujo en las aguas cercanas a la Isla de Luzón, donde se encuentra Manila, de la Corriente de Kurosivo, similar en varios aspectos a la Corriente del Golfo que barre el norte de La Habana.
Ambas corrientes se originan al noroeste de sus respectivos océanos, llevando una masa de aguas cálidas hacia las regiones árticas y sustentando una rica biodiversidad, en cuya cúspide se hallan varias especies pelágicas, como atunes y peces de pico.
Mientras en las aguas atlánticas inmediatas a La Habana migran estacionalmente agujas blancas, casteros y hay asimismo poblaciones estables de agujas de abanico, en las costas del archipiélago filipino bañadas por el Pacífico desarrollan su ciclo vital especies correspondientes a los mismos géneros sistemáticos: aguja de pico corto y castero rayado (Tetrapturus), castero negro y azul del Pacífico (Makaira) y el pez vela (Istiophorus). Los peces de pico del área poseen nombres locales filipinos y colectivamente son conocidos allí por el de malasugi.  
Especialistas filipinos consultados, como Crispino A. Saclauso, Ph.D., decano de la Facultad de Pesquerías de la Universidad de Visayas en Filipinas (UVP), y el Dr. Gerald F. Quinitio, director del Institute of Marine Fisheries and Oceanology del mismo centro de altos estudios, y el Dr. Jose Ingles, líder de un programa de estudios del atun de la World Wildlife Fund (WWF) en Coral Triangle, aportaron elementos que confirman la vigencia del uso de la línea manual en las pesquerías filipinas.
Una valoración de la pesca a cordel y anzuelo en Filipinas, efectuada en 2011, puso de relieve que el método ha sido empleado por unos mil años en aquel archipiélago y hoy día constituye el procedimiento más común tanto en las pesquerías a escala comercial como en las municipales. Cuenta con al menos una organización gremial especializada, la Alliance of Tuna Handliners, y un instrumento legal que regula su empleo, la Handline Fishing Law, promulgada en 2007. Según un monitoreo realizado en 1993 por el Proyecto de Investigación del Atún en Filipinas, se halló que este avío se había empleado en 13 de 19 sitios de desembarque de pescado y le había correspondido un volumen equivalente al 18% de la captura acopiada.
Los pescadores a línea manual suelen agruparse en cooperativas y organizar sus  salidas al mar mediante embarcaciones madre de unos 80 pies de eslora, denominadas bangkas, mientras la pesca propiamente se lleva a cabo en pequeños botes, denominados localmente pakuras. Señala una fuente especializada que una cuidadosa preparación es realizada antes de la pesquería, acopiando el alimento, agua, avíos y combustible necesarios para estancias en el mar que pueden ser de dos o tres días,  o extenderse a diez días o varias semanas. Este proceso coincide señaladamente con la descripción que hacía Gómez de la Maza en 1936 del método empleado por los manilos en La Habana, quienes salían varios en cada embarcación, se cubrían del sol con toldos y se proveían de alimentos para permanecer varios días en el mar si era necesario. Este procedimiento de pesca se asocia de manera muy extensa a la captura de peces pelágicos mediante el empleo de dispositivos concentradores, denominados payaos en la terminología local.
El avío de cordel y anzuelo, conocido en la lengua de Filipinas por el nombre de kawil, consta de una línea de líneas de monofilamento de nailon de hasta 300 metros de longitud y un diámetro de 1.5 a 3.0 mm. Los pescadores del archipiélago han desarrollado un procedimiento, que consiste en envolver la línea, con la carnada y el anzuelo, sobre una piedra, lo que les permite alcanzar rápidamente la zona de picada de los ejemplares de calidad, principalmente atunes de aleta amarilla.
De acuerdo con monitoreos del Centro Australiano para las Investigaciones sobre la Agricultura Internacional, diversas especies de peces de pico formaban parte de las capturas con línea manual en tres regiones de Filipinas. En el puerto de General Santos, el castero azul del Pacífico (Makaira mazara) y el castero negro (Makaira indica) integraron del 5 al 26 % de la muestra, con una proporción pequeña de pez vela del Pacífico (Istiophorus platypterus). Las capturas de peces de pico en Bicol y Samar Este alcanzaron 4 y 5%, respectivamente, frente a capturas masivas de atunes con el mencionado avío.
La información reunida a primera vista fundamenta la información difundida a mediados de la década del 1930 por Ernest Hemingway y el cubano Federico Gómez de la Maza, quienes pueden haber asumido información difundida por la tradición oral en su época. La aplicación de un procedimiento de pesca, tan selectivo como las calas de agujear, debe basarse en un profundo conocimiento de las especies objeto de pesquería y la estacionalidad de sus corridas.  También debe haber influido el menor costo del equipamiento respecto, por ejemplo, la pesca de vivero, que requería embarcaciones de mayor porte, más tripulación y gastos de alimentación y avío igualmente superiores.
Factores históricos aparte, se dan en el entorno marítimo cubano y filipino condiciones oceanográfica similares, como el flujo inmediato a las respectivas costas, en los océanos Pacífico y Atlántico, de las corrientes de Kurosivo y del Golfo, que llevan aguas cálidas hacia el Ártico y soportan una intensa biodiversidad, en cuya cúspide se hallan atunes y peces de pico, coincidencia que explicaría el desarrollo de formas de actividad humana similar en relación con la explotación de los recursos en cuestión.
Del autor:
Ismael León Almeida (1953), es escritor y bloguero. Autor de Polo, cantor de la montaña (Vitral, Pinar del Río, 2003), Pesca deportiva cubana. Historia y tradición (Editorial Científico Técnica, 2009) y Técnicas y peces del aficionado cubano (Editorial Científico Técnica, 2014). En proceso de edición: El torneo cubano de Ernest Hemingway, por Ediciones Cubanas.
Publica desde 2007 el blog Cubanos de Pesca (http://pescarencuba.blogspot.com).
La ponencia “Hemingway y la cuestión de los manilos en la pesca de agujas en Cuba”, presentada en el 15º Coloquio Internacional Hemingway, celebrado del 18 al 21 de junio de 2015 en el hotel Palacio de O’Farrill, La Habana Vieja, es síntesis de un nuevo libro en preparación.

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22 junio 2015

 Toda la espesa gama temática que tejen la leyenda, la certeza biográfica y la proyección literaria en torno a la figura del Premio Nobel de Literatura 1954 vibraron esta vez durante el 15º Coloquio Internacional Hemingway, probablemente el más intenso escenario de debates desde que hace más de dos décadas comenzaron a celebrar en Cuba estos encuentros.
Especialistas del Museo Hemingway de Finca Vigía, periodistas, escritores y profesores de diversas enseñanzas en el país volvieron a unirse en diálogo, conjuntamente –no precisamente como contrapartes, sino alineados según temas y criterios, con colegas norteamericanos, argentinos, japoneses, hemingwayanos, en fin.
Luego de la apertura oficial del evento por Gladys Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, efectuaron un homenaje al desaparecido René Villarreal Vergara, uno de los niños de San Francisco de Paula que jugaron pelota en Finca Vigía y posteriormente fue mayordomo de los Hemingway hasta la muerte del escritor.
El profesor argentino Ricardo Koon presentó su libro El último León y mostró una de las más amplias colecciones fotográficas sobre el novelista vistas en Cuba. Otra obra, Hemingway, ese desconocido, del cubano Enrique Cirules, fue presentada por el profesor norteamericano Douglas LaPrade, uno de los más antiguos participantes extranjeros en la cita teórica de los estudiosos de Hemingway en Cuba, quien asimismo presentó su texto “Hemingway, Alberti y Numancia” en uno de los turnos finales de la conferencia.
Durante la primera sesión, el jueves 18 de junio, intervinieron también los norteamericanos Terence M. Hammer, Peter Hays y Daze Gatzemeyer, y el cubano Carlos A. Peón. El viernes lo hicieron, además, Jorge Santos Caballero, Sandra Spanier,
Miriam B. Mandel, Krista Quesemberry, Wally Collins y Scott Burton. Durante la jornada se llevaron a debate aspectos relacionados con las obras The sun also rises (Fiesta), Green Hills of Africa (Las verdes colinas de Africa) y la colección narrativa breve “In our time”.
Ese mismo día se presentó el tema “Un esfuerzo conjunto para la preservación del legado cubano de Hemingway”, por Mary Jo Adams, directora ejecutiva de la Fundación Finca Vigía de Estados Unidos, y Ada Rosa Alfonso, directora del Museo Hemingway. Adams anunció que se efectuaron gestiones con las autoridades de su país para traer a Cuba materiales e instrumental para construir en las áreas del centro cultural un taller y un almacén para reparación y custodia de objetos museables, mientras la directora señaló que numerosas visitas de expertos norteamericanos se habían recibido durante los 12 años de vigencia de esta colaboración, uno de cuyos aspectos esenciales es la reparación de impresos y la digitalización de documentos para consulta.
Como parte de proyectos que persigue el mismo objetivo de proteger el patrimonio material de Finca Vigía, el profesor Hideo Yanagisagua cerraría los debates con una información de interés general acerca de la digitalización de las anotaciones realizadas por Hemingway en los márgenes de los libros de la colección Hemingway, proyecto que el joven especialista japonés llevó a cabo en San Francisco de Paula con la colaboración de técnicos del museo. Como resultado de este empeño, un archivo de 7 537 imágenes, provenientes de más de 1 200 documentos, integran un archivo que será puesto al servicio de los investigadores del Premio Nobel.
El sábado se inició la jornada de exposición con una ponencia de la profesora Carmen Serrano, tradicionalmente enfocada en el tratamiento de los personajes femeninos en la obra del laureado novelista, mientras Ismael León Almeida dilucidó una duda dejada por Hemingway en su escrito “Marlin off the Morro”, publicado en 1935 como capítulo del libro American big game fishing, texto en el que afirmaba que la pesca comercial de agujas en Cuba, por el método de calas profundadas, provenía de la tradición pesquera filipina, no de fuentes hispanas como la generalidad de los métodos de este sector empleados en la Isla.
Esta tercera y penúltima jornada de coloquio contó asimismo con deposiciones de Jim Jaquet, Chavely Villariño, Brewster Chamberlin, Víctor Pina Tabío y Ronald Schleifer, éste a dúo con Joshua Nelson, ciudadano cherokee nativo del estado de Oklahoma, quien al examinar la representación de los nativos norteamericanos en los cuentos de Nick Adams de Hemingway subrayó la relación entre las comunidades indias y sus bosques y vida silvestre en su conjunto, de los que no solo fueron privados, sino asimismo fueron esquilmados por la industria maderera. Gladys Rodriguez Ferrero, quien dirigiera el museo de Finca Vigía entre 1980 y 1917, expuso elementos contenidos en una entrevista realizada por ella en 2004 al escritor norteamericano Aaron E. Hotchner, en cuyo contexto se revelaron significativos elementos biográficos del Premio Nobel.
El domingo 21, Día de los Padres, los ponentes celebraron la festividad con nuevas revelaciones y una entusiasta clausura, paréntesis abierto hasta el nuevo encuentro en 2017. Nancy W. Sindelar, de la Fundación Hemingway de Oak Park, que en la edición 2013 de este encuentro documentó de modo amplio la vida infantil y familiar de Hemingway en su localidad natal, en esta ocasión se refirió a la adolescencia; la exposición de “Detrás del telón: investigación y hallazgos del proyecto Cartas de Hemingway”, por Michael Patrick Hart, mostró a los estudiosos presentes no solo la numerosa información útil derivada de la correspondencia del intelectual, sino asimismo la diversidad de métodos de investigación aplicados. Para este redactor, por ejemplo, las cartas con su la casa Scribners, a cargo de la publicación de los libros de Hemingway, resultan una significativa evidencia de la relación creativa y el grado de compromiso entre editores y escritores enfocados a una obra conjunta.
Michael Connors realizó un provechoso recorrido por la obra plástica que adornaba las paredes del hogar de los Hemingway en San Francisco de Paula, y el divorcio entre el escritor y su segunda mujer, Pauline Pffeifer, con interioridades y reflejo en la prensa sensacionalista de su época, fue examinado por Tatiana Mena. La diversidad temática abarcó tanto aspectos de conducta y condición humana, como el tema femenino, en la ficción y en la vida real, el divorcio, la excepcionalidad del individuo; elementos de la obra literaria, en particular en obras tales como The sun also rises, Las verdes colinas de Africa, Por quien doblan las campanas y El viejo y el mar, sitios biográficos (Sun Valley, Idaho, la infancia y primera juventud en Oak Park, Finca Vigía, Key West, y otros siempre vigentes en las indagaciones, como la pesca, la guerra y las profesiones de periodista y escritor que practicó.
Hubo incluso momentos de alta tensión, cuando en algunas intervenciones aparecieron los temas controversiales como el suicidio, la enfermedad final, la adicción a la bebida, la orientación sexual y la fidelidad matrimonial, en ocasiones proyectados con superficialidad y prejuicio, en otros a partir de análisis serios. Igualmente, algunas manifestaciones marcaron el consabido terreno político, subrayando, por la parte local, que el abandono de Cuba por parte del intelectual norteamericano se debió a la enfermedad o a presiones del gobierno de su país, un intento de preservar la imagen de un Hemingway afecto a la revolución cubana, como si no hubiera suficientes muestras en su obra y actitudes como la entrega de la medalla del Premio Nobel al santuario de la Caridad del Cobre, de un amor al país que escogió como su hogar que no deja margen de duda.
Un programa de visitas se cumplió cada día, para satisfacción de los participantes, que una vez más recorrieron los escenarios de novelas e incidentes reales en la existencia del creador nacido en Oak Park, Illinois, en 1898, y fallecido en Idaho en 1961. El propio hotel Palacio de O’Farrill, sede del encuentro, se halla enclavado en la barriada portuaria donde por primera vez tomo tierra Hemingway al desembarcvar de la lancha Anita, propiedad de Joe Russell. El jueves visitaron la Bodeguita del Medio y el famoso bar restaurante Floridita; el viernes, el Sloppy Joe’s; el sábado colocaron una ofrebnda floral ante el monumento a Hemingway en Cojimar y celebraron su recuerdo en La Terraza, un restaurante de mariscos muy diferente de su homónimo en la novela El Viejo y el Mar.
El sábado al concluir, el agasajo de despedida fue en la casa Hemingway. La distinción Finca Vigia fue entregada allí a Ricardo Koon, al Instituto Internacional de Investigaciones Ecológicas de los cayos de la Florida (TREE), a Hideo Yanagisagua, la Bodeguita del Medio, y a William Durant, líder de Finca Vigia Foundation.
La música acompaño cada estancia de los delegados. En el hotel actuaba en los recesos el trio Son de Oro, integrado por el contrabajista Jose de los Reyes, y los hijos del músico Mario Oropesa, fundador del trio America, Pedro Luis y Hanoy Oropesa, en la marimbula y percusión, todo el tiempo en música tradicional. En La Terraza de Cojimar nos sorendio una versión de “Hotel California” con instrumentos criollos, que alegro el ambiente sabatino. En Finca Vigia después de la apertura a una exposición de dibujos de James Richard, la despedida del evento fue amenizada por la cantante Elaine y su guitarrista: ella, fina presencia y voz que colma paisaje  ―cerrando inspirada los ojos crea con su timbre un ambiente de penumbra y fragante momento―.
Hemingway, que gustaba la música, anda de ojo atento en la frondosa copa de la joven ceiba tutelar de su casa.

14 junio 2015

VOYAGES DE PÊCHE, OTRA VEZ EN CUBA
                                                                                          
Para Damián F. A., en Ecuador

Entusiasmado hallé a Julien Lajournade, Redactor Jefe de la revista francesa Voyages de Pêche, al terminar su reportaje de pesca en el occidente cubano. Había pasado la primera semana de junio a bordo de una embarcación que llevaba a un grupo de aficionados europeos a explorar las aguas de la plataforma en torno al Cabo de San Antonio, uno de los sitios míticos de la Isla para los aficionados que practican el spinning, aunque el acceso no es ciertamente fácil en la extensa península para los nacionales.
Amigos de internet hechos reales, pescador y periodista a un lado y otro de la agenda, tuvimos un diálogo sin formalidades a menos de dos horas de que volara él a París y tomara un servidor el P-5 de retorno a los cuarteles de La Coronela, para la empecinada labor de cada día. Este era domingo y vespertino.
― ¿Qué estuvo usando, Julien, para esa zona?
― Línea de 120 libras, multifilamento, en un carrete Shimano Stella; vara Smith.
―  Fuerte cordel. ¿Y cómo estuvo la picada?
― Mucha, mucha barracuda. Un black grouper ―en Cuba llamado bonací ―de unas 56 o 58 libras. Una que es familia de la cherna, con un tono rojizo en las escamas...
― El color parece de cabrilla ―se intercala, mirando una imagen―, pero si lo es, con ese tamaño es una gran cabrilla...
― Cuberas poderosas, que salen de lo profundo contra el Popper y muchas veces rompen la línea.
― Sabíamos de cuberas descomunales que van a la superficie a tomar el señuelo, con una explosión en el agua. ¿Trabajaban sobre aguas muy profundas?
― Sobre el veril, pero el señuelo trabaja entre 10 y 15 metros de profundidad. ¡Ah! –muestra otra imagen en la pequeña pantalla de la cámara- y esta rabirrubia.
Siguió Lajournade pasando por el cuadradito luminoso jiguaguas, coronados, albacoras, meros, y pargos.
― Todos fueron soltados, pero algunos pargos los cocinamos.
― Todo correcto, Julien. Ningún terrícola debería de dejar de probar un pargo criollo siquiera una vez en la vida. Ha sido el pez más venerado en la mesa cubana desde la época en que el curioso Parra, el sabio Poey y el ameno Vilaró se preocupaban por reunir noticias de la ictiofauna cubana desde finales del siglo XVIII.
La pesca fue realizada siempre con señuelos artificiales, bastante dimensionados y en todos los casos de factura japonesa, que son hoy día los preferidos en Francia, dice. Los chinos venden a precios bastante bajos, pero la calidad del material de pesca es inferior.
― Tengo curiosidad por saber si Voyages de Pêche es una de las antiguas revistas de pesca en Francia.
Voyages de Pêche comenzó a publicarse en 1997 y no es de las más antiguas. Hoy día tampoco es la única que se dedica a viajes de pesca. El director fundador fue Georges Thévenot y este mismo año asumió su conducción Stéphane Uzan. Se distribuye en países de habla francesa, como Bélgica, Suiza, Martinica, Guadalupe y nuestro país, por supuesto. También en Marruecos y Túnez.
― ¿Cuántas revistas en total en el país?
― Hay unas quince publicaciones en este deporte en el país; solo dedicadas a la pesca de la carpa, por ejemplo, hay seis revistas.
― ¿Cómo evoluciona el perfil de Voyages de Pêche?
― La revista se dedica a la cobertura internacional de viajes de pesca, no de la pesca deportiva local, que es ocupación de la mayoría de las otras revistas. En Francia los viajes de pesca no eran tradición; se inicia en los años 1965 a 1970, con el desarrollo del turismo de agencias. En los primeros tiempos se viajaba a islas Mauricio, México, a Canadá para la pesca del salmón, y al oeste africano, en Senegal, Costa de Marfil y Gabón, por ejemplo, había centros de pesca hace un cuarto de siglo y se conocía bastante la pesca del pez vela del Atlantico y el sabalo (tarpon).
― Hemingway hizo esa pesca del pez vela desde Mombasa, en la costa de Kenya, por cierto ― intercala el bloguero. 
 Sucede que la pesca comercial en el mar, con los barcos y equipos electronicos modernos, es muy impactante, para las lubinas (el “bar”, Morone labrax) y atunes rojos (“thon rouge” Thunnus thynnus) entre otros. Por un atún de 250 kilogramos podían pagarse una fortuna en Japón, cientos de miles de US dollares; la lobina de mar cuando es salvaje y pescada de manera artesanal con ligna a mano (“bar de ligne”) se puede pagar en Paris, Francia, 30 Euros el kilogramo, 50 durante  la Navidad. Pero son los barcos grandes con netos gigantes que pescan los reuniones de lobinas que hacen muchos daños. 
―... las modalidades de los primeros tiempos eran básicamente el trolling y el casting. En el avance de este último influye la revolución de las braid lines (líneas de multifilamento) en los noventa y la entrada en función de los señuelos artificiales, rápalas, poppers..., en la pesca de alta mar. 
― ¿Qué caracteriza hoy mismo la pesca deportiva francesa?
― Hoy día lo más importante para la afición del país es la pesca de la carpa, y la del lucio con señuelos artificiales. En el mar sería la pesca de la lobina de mar, el sea bass en las costas del Atlántico, y la del atún rojo en el Mediterráneo.
― ¿Hay pesca a mosca?
― La pesca a mosca declina; hay treinta pescadores a spinning por cada pescador a mosca. No gusta a los jóvenes, que prefieren pescar el atún, el black bass... Ahora se practica una modalidad que llamamos street fishing, que es pescar en los ríos que pasan por las ciudades, o el rock fishing, en la orilla del mar cerca de las poblaciones: los muchachos van en bicicleta en su tiempo libre, hacen su pesquería en un par de horas y retornan a casa.
― Un rápido pasatiempo ― pensando que los más hacemos acá esa pesquería, salvo que en presas y la costa, dado que los cursos de agua que pasan por poblaciones tienen sus problemas, y porque lo que es viajar, pocas veces va uno a otra provincia, que es lo factible. Nos entera Lucien Lajournade de lo que se ha convertido en un atractivo para los visitantes:
― Los turistas hacen fotos a diarios en París cerca de la torre Eiffel a los nuevos pescadores que se dedican a los grandes bagres, siluros les llaman.
En la época en que Hemingway era muy pobre e inocente, y según su leyenda personal vivía en un sitio húmedo y frío y escribía en los cafés parisienses, los pescadores del Sena únicamente cogían algunos gobios en el río, más bien pequeños y elogiados como fritura. Pensando en esto, uno se recuerda de que la pesca de la trucha es tal vez la más europea de las pescas. El redactor de Voyages... comenta:
― La pesca de la trucha (Salmo spp.) a mosca afronta una grave limitación a causa de la polución en los ríos. Hoy los pescadores que prefieren esta especie se van a Suecia, Noruega, Escandinavia e Irlanda, que es la preferida, y que es un sitio donde los políticos se ocupan en proteger la pesca a causa de su alto valor turístico.
― Hemos visto algunos materiales que indican que la pesca recreativa está recibiendo atención científica en Europa.
― Sucede que la pesca comercial es muy impactante. Europa paga dinero para que compremos barcos grandes para coger cada vez más peces. Es increíble la presión de la pesca comercial. En un momento determinado tocamos fondo, si bien ahora ha comenzado a mejorar, después que hace unos cuatro años se comenzó a adoptar una veda de varios meses cada año. Por un atún de 250 kilogramos podían pagarse una fortuna en Japón; por una lobina de mar algunos restaurantes llegaron a pagar en Francia a 30 Euros el kilogramo, y los chinos las compran vivas y entonces el precio sube a 100 euros por kilogramo ¡todo un negocio!
― ¿Es que no se ejerce control sobre la pesca?
― No hay policía de pesca. La preocupación de la autoridad es que las embarcaciones cumplan el límite de velocidad al llegar a puerto.
― Volvemos a Cuba. ¿Es este viaje inaugural?
― Cuarta vez. El primero fue en el año 2000, a la Isla de la Juventud, con muchas limitaciones para pescar en mar abierto. Luego vinimos para pescar en Cayo Romano y Cayo Cruz con el español Rafael del Pozo Obeso. Fue fantástico, había miles de palometas, pero el recuerdo es también triste, porque ese amigo muere precisamente en Cuba e un accidente vial.
― Lo supimos por internet, él era un escritor de pesca muy conocido.
― Vinimos por tercera ocasión y fue a pescar el sábalo en Hatiguanico y fue difícil.
― ¿Cuáles de las ofertas de pesca del turismo cubano podrían interesar más a los aficionados europeos?
― Pienso que el black bass, será tal vez una gran atracción para los pescadores de Europa, e igualmente el spinning.
― Es interesante Julien, esa opinión, porque el black bass, o sea la trucha, como la llamamos nosotros, tuvo un gran auge en los pasados años ochenta y hay embalses con sus hoteles al lado, como Zaza y Hanabanilla, que probablemente reanudarían su antiguo auge con una buena promoción y algunas atenciones ambientales. Hay un sitio que creemos se mantiene, aunque es más difícil de operar, que es Leonero, en la zona oriental, mientras se han perdido otros que fueron muy reconocidos, como es el caso de La Redonda, Cuyagüateje y Laguna del Tesoro. Y en cuanto al spinning, ¿desde costa o desde embarcación?
― Desde embarcación, como lo hemos hecho ahora en Cabo de San Antonio.
― Pues créeme que hay sitios donde la pesca desde costa a spinning, o el surfcasting, sería muy interesantes.
Hemos estado conversando la última hora en una cafetería del hotel Meliá Cohiba, donde los pescadores se alojaron en su tránsito por La Habana. En media hora parte julien Lajournade con sus compañeros hacia el aeropuerto internacional José Martí, pero no parece tener prisa. Me entrega un ejemplar de la edición de Voyages de Peche correspondiente al bimestre de junio-julio de 2015; al pie de la portada hay un anuncio: “Ils en reviennent, ils racontent Mexique, Polinésie, Cuba”. Se nos ocurre una pregunta más:
― ¿Cómo llega al aficionado francés la promoción de la pesca deportiva cubana?
― Por agencias de viajes y en algunas revistas. Se promueven sobre todo los viajes de pesca a mosca, poca gente sabe que en Cuba hay tan buena pesca a spinning, el fly tiene mucha más promoción.
Al llegar a casa, viejas e incompletas lecciones de francés servirán de ayuda para entender el mensaje que amablemente Monsieur Lajournade, un pescador deportivo cuyo trabajo es recorrer el mundo pescando y, sobre todo, escribiendo sobre pesca, ha tenido la amabilidad de dejar en una cuartilla para los lectores de CUBANOS DE PESCA:
De parte de todos los pescadores deportivos, lectores de Voyages de Pêche, me place transmitir a los pescadores cubanos toda la amistad que nos une en la misma pasión.
Viva la pesca en Cuba, con la esperanza de que ella siga siendo formidable, y podamos volver en el futuro a su magnífico país.  Julian.




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