24 enero 2017

Concurso CUBANOS DE PESCA 2016
ENTREVISTAS
José René Rigal (Holguín)
1- ¿Comenzó usted a pescar de niño o más tarde? ¿Cuál fue su primera impresión?
De niño empiné papalotes, cacé con tirapiedras, jugué a los trompos, a las bolas; pero de todos, mi pasatiempo más preciado fue la pesca. La pesca anidó en mí como una pasión ineludible. Vivíamos en las cercanías de una zanja, ancha y profunda, que hacía de cauce maestro, y que los lugareños bautizaron como El Beltrán. Dicha zanja estaba poblada por peces de agua dulce de diversas especies: anguilas, guabinas, robalos, dajaos, lisas, lebranchos, jicoteas, ranas toro; recuerdo que hasta joturos había.  Pronto me convertí en un pequeño “profesional” del oficio capturando muchos de aquellos peces. Hacía un cordel de cualquier cosa y los anzuelos los inventaba de alambres, en muchos casos oxidados. A la edad de siete u ocho años era todo un campeón y superaba en pericia a cuantos como yo, se aventuraban en los placeres de la pesca.
En la zona había dos arroyos que descendían para unirse en su recorrido hasta formar uno mayor: el Saltadero. Debajo de las piedras se escondían numerosos camarones, que de continuo capturaba para usarlos como carnada. Aunque el principal cebo eran las lombrices de tierra que, vivas gozaban de la preferencia de los peces.
Los dajaos se paseaban en grupos cual si fueran los dueños del Beltrán; sin embargo, hacían caso omiso de las carnadas. Pronto descubrí que picaban con granitos de arroz y bolitas de pan. Era una delicia verlos desde el puente tragarse las bolitas de pan, para quedar, haciendo malabares, colgados en los anzuelos. 
Las lisas y los lebranchos eran otros que no picaban ni con chiles. Teníamos que conformarnos con verlos pasar por debajo del puente a toda velocidad. Un señor llamado Angel era quien se dedicaba a pescarlos usando una especie de tranque o corral, hecho a base de estacas hincadas en el fondo, en forma de pared circular. Una vez dentro, su escaso entendimiento no les permitía encontrar la salida. Luego los sacaba usando tridentes, ganchos y otros aperos.  Recuerdo como un video cuántas lisas, mediante grandes saltos, lograban escapar.
Del Beltrán solo queda la memoria. La zanja dejó de existir cuando el hombre la abandonó, y con ella, todo un ecosistema de agua dulce, digno de ser recordado.
En lo adelante la vida se encargaría de acercarme cada vez más a la pesca, hasta llegar a poseer mi propio medio, con el cual hice carrera en la mar.

2- ¿Qué piensa de la pesca de agua dulce? ¿Ha pescado una trucha? ¿Una biajaca criolla se fríe o se suelta?
La pesca de agua dulce fue para mí tan solo una plataforma. Es deliciosa a partir de las escasas posibilidades que tengamos de asistir al mar abierto a bordo de una barca. Una vez que te familiarizas con la pesca en agua salada, la miras tan solo como un aperitivo al que no quisieras volver. No obstante, es innegable que las tantas presas, ríos y lagunas que pueblan el territorio nacional, habitadas por múltiples especies de agua dulce, constituyen un pasatiempo grato, sano, y de cierta manera, productivo.
Durante mis incursiones por el mundo de la pesca de agua dulce nunca tuve la oportunidad de liarme en una batalla con ese pez, todo dinamismo y emotividad, conocido comúnmente como trucha. Todo, debido a que esa especie no habita en la región oriental de Baracoa, zona donde nacieron y crecieron mis inclinaciones pesqueras.
La biajaca criolla es un gran recurso alimenticio, estimada por su carne sabrosa, ya sea asada, frita o guisada. Sin embargo es razonable devolverla al agua como modo de contribuir a la conservación de una especie, endémica de las aguas cubanas, en franco peligro de extinción.

3- La pesca en el mar ofrece los pescados más grandes, ¿cuál es el suyo?
La lidia con un pez grande en el mar es un evento que depara emociones a raudales. Encuentro con peces grandes he tenido muchos: pargos, picúas, rayas, cuberas, tiburones, atunes, sierras, petos, dorados; hasta un chucho, conocido en otros lugares como obispo, capturé una noche. Pero el más corpulento fue una guasa que prendí una noche en el canto del veril. Pesó 112 kilos. Unas 246 libras.
“Hallarse en el mar y experimentar la desconocida y vehemente emoción que causa un pez grande, es sentir un placer singular. La vida y la muerte del pez queda a nuestra disposición durante esa hora en la cual permanecemos ligados para medir nuestras fuerzas; representa una enorme satisfacción poder conquistar este ser, que es rey de las regiones donde vive”. Así describe el hecho el gran Hemingway, en una de sus crónicas.

4- Para que la pesca deportiva cubana se convierta en una mejor opción de tiempo libre, usted propondría:
Las definiciones deportivas o recreativas son conceptualizadas como actividades a tiempo libre, sin embargo, es impensable que una persona decida recrearse cuando no tiene satisfechas sus necesidades vitales. Pesca deportiva es aquella que se realiza con el fin de procurarse un sano esparcimiento sin que el objetivo sea la captura de especies destinadas a la subsistencia o la venta, y que se lleva a efecto con medios de pesca no considerados comerciales.
Para que la pesca deportiva cubana se convierta en una mejor opción de tiempo libre, debían romperse las barreras, tanto objetivas como subjetivas, que lastran el desarrollo de una economía nacional que no acaba de despegar, y que, dificultosamente soluciona las necesidades básicas de la población. Entonces podríamos pensar más de cerca en la verdadera  pesca deportiva, cuyo principio sea la captura de peces con propósitos netamente competitivos, y que, como en muchos lugares del mundo, después de medidos y pesados, sean devueltos a su medio natural. Junto a ello debe solucionarse la ausencia en el mercado de artículos deportivos, tales como: varas, anzuelos, alambradas, cordeles (líneas), carretes, señuelos, etc. Además de medios idóneos y confortables en qué hacerse a la mar; digamos botes o chalanas, los que son de difícil adquisición de acuerdo a las limitaciones que los organismos tutelares nos imponen. También es imprescindible que cada vez más los cubanos podamos disfrutar del acceso a Internet.

5- Una de las tantas formas de disfrutar de la pesca es... ¡hacer cuentos de pesquería! ¿Por qué son tan pocos entonces los que se deciden a escribirlos?
Cualquiera dice cuentos. Pocos lo escriben. Es más fácil echar un sedal al agua que pararse frente a la página en blanco. Uf, aterroriza tanto o más que una gran ola, sobre todo si a base de relacionarnos con ella nos es indiferente. Pescar es un arte que bien pudiera considerarse invasivo a causa del entorno. Escribir…se ha de nacer con él.

6- Cuando el blog llegue a los 10 años, el 12 de diciembre de 2017... ¿Cerramos CUBANOS DE PESCA o tiene otra idea?
¿Cerrar Cubanos de Pesca cuando llegue a su décimo aniversario?  No hombre, No. Eso será como querer arrancarle un trozo de mar a la isla.
¿Ideas? Sí. Tengo muchas. Una de ellas, y quizás la más importante, continuar trabajando en equipo para darle continuidad a quien fuera concebido para el estudio y la difusión de un tema que en casi un siglo ha tenido escasa atención especializada en Cuba.


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